Están en ello: conseguir que parezca que las dos partes ganan algo y no deteriorar el perfil de dos líderes de perfil autoritario. Es prioritario volver a la normalidad en una zona importante para la economía internacional, frenada por el cierre del estrecho de Ormuz. Afortunadamente, la tregua alcanzada se va prolongando y nada justificaría volver al combate directo.
Jamenei está menos presionado. Es un dictador religioso que tiene al pueblo sometido. Sobre todo a las mujeres, verdaderas víctimas del islamismo, más cuando, como en este caso, reciben sobredosis. Lo tiene fácil, Trump inició el ataque con intención de derribar el régimen teocrático que oprime la antigua Persia y no lo ha conseguido. Aun así, necesita firmar, la economía iraní sufre y sus reservas de armamento se van agotando.
Trump lo tiene peor, la presión de Israel le llevó a tirarse a una piscina con poca agua y algunos tiburones. Tiene que salir de ella, su pueblo no tolera un conflicto que ven como un capricho de su líder, cuando se acercan las elecciones legislativas de noviembre. Si la situación en Oriente Medio no cambia pronto, las perderá y ambas cámaras quedarán en manos demócratas, dificultándole seguir haciendo de las suyas en la segunda mitad de su último mandato. Se trata de dejar atrás el lío iraní con la mejor cara posible y que los meses de verano hagan olvidar una idiotez que ha costado miles de vidas en Irán y un problema económico mundial. Irán queda debilitado, eso debería bastarle. Lo peor es que intentará conseguir algo en otra parte para compensar, Cuba es candidata. El régimen cubano está muy débil y bloqueado, aquí (30/4, “España tiene tarea en Cuba”) ya he pedido ayuda española para no dejar aquel país, tan importante en nuestra historia, en manos de un vaquero que hará cualquier cosa para no caer del caballo.
Trump ha demostrado tener poca cabeza, vive demasiado cerrado en su entorno de ricos poderosos. No hay que ser muy listo ni disponer de servicios de información avanzados para ver lo que iba a ocurrir. Lo predije en las entradas del 10 y del 15 de marzo, tras los ataques sobre objetivos iraníes. No era difícil, se dejó liar por Netanyahu, al que interesa debilitar Irán. Pero su prioridad era ganar tiempo para seguir con el genocidio de Gaza y continuarlo en Líbano, como está haciendo. Decía entonces que el presidente estadunidense debería haber recordado el fiasco de la guerra de Irak y que le hubiera sido útil leer “Las Memorias de Adriano” de Margarite Yourcenar. Resumí en dos párrafos la filosofía de Adriano sobre Oriente Medio:
“Su política para mantener tranquila la frontera oriental del imperio era negociar permanentemente con las tribus del desierto. Sabía que les gusta dialogar y tratar los temas de forma asidua. Mientras lo hacen, se muestran pacíficas con Roma, a la vez que se desgastan peleándose entre ellas por causas diversas. No era prudente atacarlas con las legiones porque, en ese caso, tienden a agruparse y provocar graves problemas.
“… Sin embargo, Adriano sometió a los judíos, porque no se dejaban asimilar a la cultura y leyes romanas y, además, consideraban que sólo había un dios, el suyo y ellos eran su pueblo elegido. Adriano fue el destructor del Templo Sagrado de Jerusalén y el que provocó la dispersión de los judíos”
Donald Trump está ocupado en decir bravuconadas y, a veces, llevarlas a cabo. También, como en el caso que comento, en hacer olvidar sus consecuencias. Parte de esa afición le viene de que le gusta invertir en Bolsa. Hoy digo que veo difícil el acuerdo con Irán, la Bolsa baja, compro. Mañana afirmo que Irán acepta abrir Ormuz, la Bolsa sube, vendo. Se debe estar forrando aún más.