La OTAN se debilita por el distanciamiento de su principal soporte, los EEUU, que tiende a dejar que los europeos se valgan por sí mismos, como Trump exige. El riesgo de una OTAN menos fuerte, se siente mucho cuando en el este tenemos un nuevo zar que pretende reconstruir el imperio ruso-soviético e incluso llevarlo más allá. El mayor riesgo que nos afecta coincide también con una tendencia internacional al aumento de conflictos armados, bajo supervisión de las superpotencias que apoyan amigos en zonas tensas del planeta.

Las circunstancias demandan el desarrollo de un sistema de defensa exclusivamente europeo, como he apoyado en mi ensayo y en estas páginas. El gran salto que se dio en un ámbito importante, hasta entonces soberano, la moneda, fue más fácil de resolver, aunque aún hay países que permanecen fuera del euro. El nacionalismo subyacente en diversos Estados gana fuerza con el ascenso de populismos de derechas, más sensibles a ceder la defensa de la patria a un ámbito superior, no quieren sentirla desguarnecida. Esta circunstancia recomienda que los avances en defensa vayan en la línea de reforzar gasto, coordinar la compra de armas, que además ayuden a generar industria especializada, y poner a disposición del conjunto unidades militares que permitan reaccionar ante amenazas exteriores. Sería una nueva OTAN pero 100% europea, con la posible presencia del reino Unido, hasta podría emplear gran parte de la estructura de la organización a la que substituiría, como ya he sugerido en alguna ocasión anterior.

Sigue habiendo consenso en ir hacia una mayor autonomía militar del continente. Pero a los problemas del nacionalismo, con extraños valedores que prefieren depender de los EEUU o incluso de Rusia, se unen las diferentes circunstancias en que ahora se empiezan y mantienen los conflictos, con más peso de la IA y nuevas armas domo los drones. Esa confluencia ha aterrizado el caza europeo, que Alemania y Francia veían con ojos diferentes, tanto en la empresa que debería liderarlo (Dassault era la opción francesa, Airbus la alemana), cómo en cuales serían sus principales capacidades, con Alemania pidiendo un caza convencional y Francia uno que tuviera capacidad de llevar armas nucleares y operar desde portaviones. Metido en esas brumas antes de despegar, después de casi diez años, el proyecto se ha quedado en tierra.

Necesitamos mantener la cabeza fría, analizar los modelos de enfrentamiento armado que están surgiendo y preparase. Europa no puede quedarse desnuda ante las tormentas del mundo de hoy, al ir perdiendo el paraguas americano. En el fondo puede ser favorable aparcar un proyecto de avión de combate que tenía poco consenso y respondía a circunstancias que cambian y quizá haya sitio para dos modelos de caza.

Ayudada por las advertencias de Donald Trump, la UE presiona a los Estados miembros para que gasten más en defensa. Ha destinado recursos comunes para apoyarlos, incluidos créditos por 150.000 millones, y creado un Fondo Europeo de Defensa con 8.000 millones para investigación y desarrollo. La defensa común sigue siendo necesaria, adaptándola a las nuevas formas de combate. No hay que abandonar su desarrollo, que es lo que desean los EEUU, China y Rusia. La necesitamos para estar protegidos, para impulsar la investigación y la industria, y también para seguir teniendo peso en el mundo de hoy, como una forma de organización política supranacional basada en la democracia y el respeto a las normas internacionales.  Esto es lo que menos gusta a los grandes que quieren repartirse el mundo a su gusto y por eso desean que la UE se hunda.            

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