La falta de sistemas eficientes para paliar los excesos de los poderos en el mundo de hoy es la preocupación que originó mi ensayo. Los grandes jefes viajan a reunirse (Trump y Xi hace unos días), acompañados de los magnates de la digitalización, las comunicaciones y los nuevos sistemas de producción, que ahora inyectan capitales, sobre todo, en Inteligencia Artificial. La extensión de la IA exige mucha inversión. Necesita gigantescos parques informáticos para desarrollar sus capacidades, lo que arrastra dos consecuencias relevantes, la primera es el disparo de la demanda de electricidad, la causa principal de que volvamos a hablar de mantener y aumentar las centrales nucleares, con los riesgos que implican. La otra es el fuerte aumento de la producción de grandes ordenadores, que se están encareciendo, empujados por los chips, el elemento imprescindible para hacerlos más capaces y del que hay escasez.
No es objeto de este blog valorar el desarrollo tecnológico. Lo es analizar y combatir el creciente desgaste de las libertades y la igualdad de oportunidades, y hacer propuestas. Ya he tocado otras veces la necesidad de evitar excesivas concentraciones de capacidad de producción de elementos básicos del consumo, la electricidad es un caso destacado. Tenemos la ventaja de que el desarrollo de las energías renovables permite diversificar la generación y conducirnos a un sector eléctrico más diverso de proveedores y más resiliente. La llegada de mega centros de ordenadores debería incentivar a los gobiernos a promocionar más las nuevas fuentes de electricidad a base de comunidades energéticas de variada índole. Para ello es necesario un marco legal adecuado y ofrecer ayudas, asesoramiento y puntos de acceso a las redes de distribución para permitirles operar bien y no quedar en manos de grandes grupos eléctricos.
Otro tema fundamental es apoyar que las empresas, sobre todo pymes, sean capaces de adquirir equipos informáticos, que ahora suben de precio cada mes, para mejorar y expandir sus capacidades de tratamiento y gestión de información, imprescindibles para sus negocios. Deberían poder ser autosuficientes y evitar, si lo desean, subir sus sistemas a la “nube”, donde hay riesgo de que otros accedan a ellos y de quedarse colgados en caso de caídas de las comunicaciones o de los centros de datos.
Estas recomendaciones son muy importantes si queremos evitar que los poderosos sigan incrementando su influencia y, gracias a ella, impulsen su riqueza. Hablo de Estados que aún poseen un capitalismo liberal, la batalla está perdida en los que tienen un capitalismo estatal. En este segundo grupo destacan Rusia y China, los grandes de las economías planificadas, que abrazaron el mercado tras el fracaso del modelo comunista. Rusia se debilita sola, empujada por sus afanes imperialistas, China da más miedo por el control que tiene el Estado sobre toda la actividad económica, incluida la que realizan sus ricos empresarios.
Los chinos se enfrentan a un futuro con escasa mano de obra, les ha caído mucho la natalidad y son muy racistas, no aceptan bien trabajadores de fuera, por eso dan prioridad a la IA y a la robótica, fáciles de dirigir por el Partido. Quieren convertirse en la principal referencia del totalitarismo con economía de mercado y, si les va bien, muchos querrán copiarles. Pensé en ello, cuando vi, a mediados de mes, a Donald Trump y Elon Musk bajarse del avión en Pekin acompañados de sus hijos, aspirantes a totalitarismos capitalistas de base monárquica, para negociar con el gran jerarca asiático cómo repartirse el mundo.
Hay que diversificar las bases económicas de las sociedades libres para dificultar que las sometan.