Como ya he explicado en alguna otra ocasión, Galicia cambió mucho desde que entramos en la Unión Europea. Dejó de ser un lugar aislado y se integró con naturalidad en un mundo abierto. Tuvo especial relevancia la desaparición de la frontera con Portugal, tan próximo en el plano geográfico y cultural. Desde entonces, la comunidad gallega es la que más crece en renta per cápita y ha abandonado los últimos puestos de España en esa variable. Ayuda al crecimiento una sociedad civil con pautas de colaboración heredadas de tiempos difíciles. El sector público ha crecido mucho, pero tiene dificultades para atender muchas necesidades, sobre todo si son específicas. Conservamos instituciones jurídicas propias, como los montes en mano común que gestionan los vecinos, no los ayuntamientos como es normal en el resto de España. Un contexto social solidario permite, por ejemplo, que seamos la comunidad con menor riesgo de pobreza infantil, como refleja el gráfico siguiente.

Esa sociedad dinámica, capaz de trabajar al margen de la política, fue llevada por los emigrantes a otros lugares, especialmente Iberoamérica. En muchas ciudades se crearon Centros Gallegos con actividad social, cultural y asistencial, hospital añadido en algún caso. También se pusieron en marcha sistemas para buscar trabajo, coordinar esfuerzos e inversiones y compartir negocios.

Las soluciones sociales, que obedecen a tradiciones arraigadas, ayudaron a adaptarse a un entorno natural con mucha diversidad biológica y muy variado, con montañas, valles, llanuras y 1.500 km de costa sin contar islas e islotes. A veces, parece que esa naturaleza se compenetra con los habitantes que pasean sobre ella, incluso después de muertos.

Como anécdota, recordar el día de las fuerzas armadas, celebrado el 23 de mayo en Vigo. La mayor ciudad gallega es compleja en el plano orográfico, no tiene una avenida llana para celebrar un gran desfile militar. Hubo que llevarlo al paseo de la playa de Samil. Sitio exótico para un acto peculiar, incluido el show de la legión que aquí parece demasiado africano. Para bajar los humos, la naturaleza pareció recordarles donde estaban. El cielo se cubrió de nubes que impidieron la exhibición aérea prevista y después envió una ráfaga de viento que derribó la bandera nacional que presidía el acto. El jefe supremo de las fuerzas armadas, según nuestra Constitución cargo hereditario del rey, puso cara de póker cuando observó el suceso. Le acompañaba su hija mayor que se prepara para asumir, en su día, el puesto del padre.

Dos días después del difícil desfile, la selección masculina de fútbol celebró en Coruña su último partido de preparación para el Mundial, antes de volar hacia América. Acudimos allí como favoritos, tenemos un equipo con una magnífica racha de resultados. Al tema tiene tal importancia que fue el propio Felipe VI quien anunció la lista de jugadores elegidos por el seleccionador. Nunca se había hecho algo así, la monarquía parece bien asesorada por una reina periodista. El partido celebrado en Riazor sirvió para probar variantes de juego, ante un rival de poco peso, Irak. Contra todo pronóstico, los que se sienten campeones del mundo empataron en casa con un equipo menor.   

Dentro de la estrategia monárquica de contagiarse de la popularidad del fútbol, la asesora debería tener más cuidado, no siempre se gana y, sobre todo, no parece una buena idea concederle el Premio Princesa de Asturias a Leo Messi. El genial jugador argentino fue condenado en 2017 por el Supremo a 21 meses de cárcel por delito fiscal, al haber defraudado a Hacienda 4,1 millones de euros. Que a la Casa Real este no le parezca un asunto suficientemente grave preocupa, parece que siguen en ese mundo aparte que llevó al extremo su majestad emérita.

Una circunstancia histórica que moduló Galicia, fue su papel de retaguardia durante los largos siglos de Reconquista con trasfondo religioso. La Iglesia tiene aquí una enorme presencia, comandada desde Santiago de Compostela, capital católica que sólo ante Roma cede en importancia . A pesar de ello, no pasará por esta zona León XIV . Es prudente y tiene algún antepasado gallego, en Santiago siempre puede llover.

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