Metidos en una posible segunda ola de coronavirus, el Estado no está para dispendios. Cada día, hay algún colectivo empresarial o profesional que pide rebajas fiscales y ayudas públicas porque la situación es mala y tiende a empeorar. Las finanzas públicas, aún con las ayudas de la UE, están sometidas a una enorme presión. Como no va a haber fondos para todos, es inevitable fijar prioridades.

Según los datos disponibles, el sector de líneas aéreas debe reducir su dimensión. El mercado se ha encogido por la pandemia y ésta ha hecho que la mayor parte de las empresas hayan perfeccionado las reuniones a distancia por medios digitales. Ahora querrán aprovecharlas de forma recurrente, pues los viajes consumen tiempo y dinero en proporciones, muchas veces, innecesarias. Una buena noticia para la lucha contra el calentamiento global, muy afectado por la contaminación que provocan los viajes, los aéreos sobre todo.

Tomando en cuenta el marco previsional, no deberían gastarse recursos públicos en mantener compañías con problemas. Por ejemplo, no parece lógico que se pida al Estado que sanee, con cargo al Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas, la empresa Air Europa, con el fin de que pueda ser adquirida por Iberia (grupo IAG). El dinero de la venta irá a la familia propietaria, que había acordado la cesión de sus acciones, el pasado noviembre, por 1.000 millones de euros. Si la empresa vale ahora menos, la solución radica en que comprador y vendedores renegocien entre ellos el reparto de la pérdida.

El caso es sólo una pequeña muestra de lo que está pasando a escala europea, donde las grandes compañías “nacionales” (Air France, Luthansa, Alitalia…) han empezado, otra vez, a tragarse grandes capitales públicos. La UE deberá analizar este proceso en todos sus aspectos porque es muy relevante. Hay líneas aéreas más eficaces que las tradicionales y son ellas las que deben liderar la recuperación. Sólo 30 aerolíneas del mundo eran rentables antes de esta crisis y los rescates ayudarán a mantener vivos viejos fantasmas de otros tiempos que retrasarán la recuperación y la lucha contra el cambio climático.

Las previsiones actuales indican que el tráfico del 2019 se recuperará en el 2024 y quizá no totalmente. Necesitamos que haya entonces compañías aéreas con mejor salud financiera para que puedan asegurar el servicio y, simultáneamente, mantengan capacidad de invertir en aviones más eficientes en consumo energético.

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