La Administración no para de crecer en casi todos los países. Las castas de funcionarios y políticos que la ocupan disponen de diversos sistemas de veto (1) y frenan medidas para mejorar la eficacia del sistema, si piensan que perjudican aspectos laborales o competenciales de alguna secta arraigada en el aparato público. Eso explica cosas como las denunciadas en entradas recientes, el sesgo político de la judicatura o el gran fracaso de la política de vivienda. Mi libro propone soluciones a estos bloqueos, pero es difícil que prosperen. Por poner ejemplos ya tocados antes: tenemos un sistema de autonomías superpuesto al de provincias cuando teóricamente son soluciones incompatibles, los ayuntamientos son demasiado pequeños y las fusiones son anecdóticas, también podemos pensar en ir eliminando los billetes para reducir radicalmente la delincuencia, mejorar la eficacia económica y recaudar más… No quieren. Los beneficios del efectivo, por ejemplo, llenan el bolsillos de los empleados de bancos centrales, la casta que mejor vive y busca razones, aunque sean superfluas, para defender su negocio.
La mejor prueba del poder de las sectas son siempre sus condiciones laborales. Los funcionarios ganan mucho más que los empleados privados aun corrigiendo las diferencias de formación exigidas. Y encima trabajan menos cómo reflejan los dos cuadros siguientes.


Una vergüenza, porque además están blindados, tienen contrato garantizado por el Estado, es decir, por todos. Y el cálculo de salario percibido no ha tomado en cuenta el valor de ese seguro, imagínese lo que cobraría una aseguradora para garantizar el salario privado hasta la jubilación. Pues es parte de la paga y ayuda a que la productividad del empleo público tienda a la baja.
No es de extrañar que cientos de miles de españoles intenten incorporarse al sector público (entrada del 15/5: Queremos ser funcionarios). También están muy sindicalizados, siendo los principales sindicatos otra casta, presidida por líderes eternos y mantenida con ayuda pública, especialmente desde que hay una vicepresidenta en el Gobierno que les apoya mucho. A pesar de prórrogas presupuestarias la cantidad anual que les trasfiere el Estado se ha disparado, de 8,9 millones en 2020 a 32 millones el año pasado.
El creciente poder burocrático es causa principal de las tensiones actuales. Primero porque presiona los ingresos del Estado, que no paran de aumentar, ayudados por la caída del empleo de efectivo que, a pesar de ello, él defiende para apoyar a la casta monetaria y seguir con la corrupción y financiación de los partidos bajo la mesa, como vemos en juicios frecuentes. La recaudación en España aumentó el año pasado un 10,25%, ayudada también porque el fisco le echa morro y no actualiza el impuesto sobre la renta con las cifras de inflación. El Estado cada vez recauda más pero su voracidad lo mantiene en situación de déficit. Le propongo que se tome en serio la llegada de la Inteligencia Artificial y las medidas sugeridas antes y empiece a sustituir sólo a la mitad de los funcionarios que se jubilan,

El crecimiento del aparato público y de los impuestos deteriora las clases medias. Los más ricos montan esquemas fiscales para evadir obligaciones y su creciente poder les permite una influyente proximidad a los políticos al mando. El poder del aparato, el del dinero y el de los sistemas de información cada vez está más concentrado, las clases medias se debilitan y están constituidas, en su mayoría, por sumisos funcionarios que no añaden dinamismo social, mientras los necesitados aumentan. Es la base sociológica de crecientes tensiones en la convivencia.
Por último, una foto de esas que aparecen con frecuencia en medios, que muestra el «ahorro» incautado a alguien relacionado con el tráfico de drogas, esos grandes beneficiados del amor de nuestros banco central a los billetes.

(1) Veto Players: How Political Institutions Work, George Tsebelis 2002