Cuando escribía el libro ya estábamos en la primera presidencia de Trump; el líder indio, Modi, se consolidaba para un período prolongado; mientras, Putin y Xi se asentaban sobre su poder absoluto. El último capítulo de mi ensayo se titulaba “Más allá del Estado Nación”. La globalización demanda que los países trabajen juntos para facilitar el funcionamiento de una economía muy integrada y establecer normas y tribunales internacionales con la misión de salvaguardar las reglas del comercio, solucionar conflictos entre Estados y proteger los derechos básicos de las personas. Se había cerrado la etapa colonial al caer la URSS y llegaba el momento de superar tribalismos. Pero ya advertía de las dificultades que representaban los grandes estados para conseguirlo.

Las cosas están peor de lo que pensaba hace 10 años, nos enfrentamos a un horizonte muy peligroso. Los poderosos se quitan la careta del respeto a la normativa internacional y negocian directamente entre ellos para repartirse áreas de influencia. No les interesa depender de otros, un ejemplo es el ataque de los EEUU al Tribunal Penal Internacional (entrada del 10/08/26), cuando éste pidió la detención de Benjamín Netanyahu para juzgarlo por presunto genocidio. China y Rusia ya no habían firmado el Estatuto de Roma que lo creó en 1998.

Reforzar fronteras es la principal preocupación de las tribus con estado y de los que las dirigen con visión autoritaria. Lo vemos en el plano comercial, Trump dispara aranceles a todo el que hace algo que no le gusta o simplemente para proteger a sus empresas. También se levantan muros para frenar la llegada de diferentes y, en el interior, se intenta expulsarlos o eliminarlos: en los EEUU a los latinos, en India a los musulmanes, en China a los uigures, en Cisjordania a los palestinos… Por no hablar del lío que tenemos nosotros en Ceuta.

Paralelamente al refuerzo de las fronteras propias, los más agresivos no respetan las ajenas y vuelven a variantes colonialistas de otros tiempos. Rusia invade Ucrania. China pide Taiwán, después de incorporar Hong Kong y suprimir, al poco tiempo, aquello de: “un país, dos sistemas”. Los EEUU se hacen con mucho petróleo venezolano y pintan con su bandera toda la mitad norte del continente americano, incluida Groenlandia, y no condenan el genocidio de palestinos que practica su aliado Israel, que además le pide hacer de gendarme y liarse en Irán.

El funcionamiento internacional promovido por los poderosos debe frenarse, un mundo tan poblado e interconectado no puede gestionarse desde el pasado. Está costando muchas vidas y atraso, y generando más gasto militar, improductivo y peligroso. La tendencia puede acabar en un desastre de proporciones dantescas que ponga en peligro la supervivencia de todos. Nos preocupa también la carrera para dominar la Inteligencia Artificial entre China y EEUU, que demora su regulación y convive peligrosamente con el aumento de uso y fabricación de armas.

Pero aún hay atisbos de esperanza para los que rechazan el uso de la fuerza y respetan el derecho internacional y la resolución negociada de conflictos. La Unión Europea, iniciada para la convivencia e integración de vecinos que antes se enfrentaban, se está haciendo popular en zonas de América que se sienten amenazadas. Aplaudí en estas páginas el reciente acuerdo comercial con Mercosur y observo con alegría el acercamiento de Canadá.

Mientras, Rusia y los EEUU fomentan el debilitamiento de la UE, un organismo político que odian, porque representa un contrapoder moderno a su forma antigua de tratar asuntos internacionales. Apoyan a partidos neofascistas, amantes de razas y fronteras, y de perseguir a los diferentes sean de origen extranjero o de tendencias sexuales condenadas por las religiones patrias.  Debemos resistirnos, tenemos el ejemplo del fracaso del Reino Unido por irse de la UE. Ahora va camino de Desunido, con Escocia, Gales e Irlanda del Norte gobernadas por partidos que quieren salirse y volver a la UE, el último reunificándose con el resto de Irlanda. Los fachas reciben el apoyo de los nuevos ricos que no desean un orden internacional fuerte y lógico que ponga en riesgo sus prácticas oligopolísticas.  También lo acabamos de ver en el RU, donde dos millonarios del mundo de las cripto le han soltado 80 millones de euros al partido ultra Reform UK.

La UE debe continuar su apoyo a los Estados pequeños y medianos de perfil democrático, favoreciendo que realicen acuerdos comerciales regionales. Quizá por estar en Mercosur, Brasil no asistió a la reciente reunión del grupo de grandes países emergentes (BRICS) que se celebró en Nueva Delhi. Para tener más autonomía, Europa debe estudiar sistemas de relación especial con estados que no quieran o puedan adherirse, como Islandia, Noruega, Canadá o el Reino Unido. Me parece adecuado lo dicho hace unos días por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von de Leyen, de desarrollar para ellos la categoría de estado asociado. También debemos avanzar hacia un sistema defensivo propio. La OTAN está en manos de los EEUU, antes un amigo, ahora un competidor abusón.

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