Los EEUU celebraron en julio su 250 aniversario. La ocasión da pie a plantearse lo que está pasando allí bajo la Presidencia de Donald Trump. Su Constitución abre con la voz del Pueblo, que habla en primera persona (We the People). Ahora parece que el poder se le está escapando de las manos a ese Pueblo, sustituido por unos pocos capaces de manejar el aparato político, el dinero y el control de la información. Ocurre también en muchos otros Estados, sobre todo en los más grandes, que se aferran al concepto de nación y presumen de proteger los intereses de sus ciudadanos, ante supuestos enemigos exteriores.
El proceso abre abismos impensables, como el posible uso de armas nucleares en un conflicto armado. Mientras, el cambio climático nos recuerda, cada verano con más fuerza, que deberíamos hacer más para frenarlo y la lucha de clases asciende a nivel global, presionando las fronteras de los que más tienen, cómo vimos en el reciente asalto a la de Ceuta. Temas de las dos entradas anteriores.
El Tribunal Penal Internacional de La Haya es una institución de vital importancia para poder convivir en este planeta. Se basa en la convicción de que todos tenemos derechos fundamentales, que se deben proteger por encima de los Estados. Fue creado por el Estatuto de Roma (1998), entró en vigor en el 2002 y tiene por objetivo perseguir los delitos más graves contra la Humanidad, como los crímenes de guerra y los genocidios.
Las patrias prepotentes no gustan de una instancia que no controlan. De hecho, China y Rusia no suscribieron el Estatuto de Roma. Ahora los EEUU está atacando con fuerza el Tribunal Penal Internacional (TPI). Su Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró, pocos días después de celebrar los 250 años de la independencia del país, que tiene intención de desmantelarlo “ladrillo a ladrillo”. Los yanquis-MAGA se sienten próximos al equipo ruso-chino que lidera la lucha contra libertades y derechos humanos. Una vergüenza para un país que celebra 250 años de democracia, pero cuyo gobierno no puede tolerar que un amigo próximo, el primer ministro judío, Benjamín Netanyahu, y su ministro de defensa (más bien de ataque), Yoav Gallant, hayan recibido una orden de arresto del TPI, también dirigida a un comandante de Hamás, por presunto genocidio.
Las instituciones que hemos ido creando para convivir de forma más pacífica y libre molestan al grupo de oligarcas que quieren dirigir y repartirse el mundo sentados a una mesa en Pekín o en Mar-A-Lago. Frente a ellos, la UE debe seguir trabajando en defender las instituciones jurídicas supranacionales, especialmente el TPI, mientras sigue perfeccionando su propio modelo y ayudando a extenderlo a otras regiones del globo, como hemos hecho al ratificar este año el tratado de libre comercio con Mercosur. Somos el primer intento firme de trabajar por encima de fronteras, apoyándonos en el derecho internacional, las libertades y la defensa de los derechos humanos. Aparentemente nos desprecian los poderosos, incluido un creciente número de fascistas que tenemos dentro y les apoyan. En el fondo nos temen, somos una firme alternativa para organizar la Humanidad de forma más justa, refractaria de la violencia y adaptada a tiempos de globalización e interconexión entre todos.