De la mano a Netanyahu, el Presidente de la primera potencia mundial inició una guerra con Irán alegando que quería terminar con una dictadura teocrática, cruel y marginadora de las mujeres, entre las que habían surgido grupos de resistencia a la tiranía. Esa era la cobertura de humo. La realidad es que se dejó enredar por el líder judío que sólo quiere debilitar Irán, destruyendo su armamento y sus plantas de enriquecimiento de uranio. Cómo no se veía con fuerza suficiente, consiguió enrolar en su pelea al payaso de Washington, asegurándole que, con la capacidad militar de ambos, las infiltraciones sobre el terreno de la CIA y el Mossad, y la rebelión interna contra un régimen debilitado, el asunto sería breve y exitoso. 

Israel va a lo suyo y conserva fuerza para invadir el Líbano y tratar de eliminar de su frontera norte al grupo político y paramilitar Hezbolá, islamista de línea chií, con fuertes conexiones con Irán. La estrategia sionista es la gran beneficiada del ataque a Irán. También lo es Rusia por el aumento del precio del petróleo y el gas. Consecuencia de la táctica de los ayatolas de debilitar la economía internacional para forzar el fin del conflicto, bloqueando el estrecho de Ormuz. Por allí pasa el 20% del petróleo y el gas licuado que se vende en el mundo, con destino sobre todo a países asiáticos, encabezados por China e India. Putin es un aliado de Irán, invasor de Ucrania y enemigo de la UE, que ahora ve que los EEUU le levantan las sanciones y puede volver a exportar sus hidrocarburos a precio más alto.

Pero no le llega con cerrar Ormuz, Irán emplea sus avanzados drones, los mismos que vende a Rusia para atacar Ucrania, y los misiles con que cuenta para sembrar el miedo en la zona próxima de mayoría suní, la otra rama del islam. Llegan también a Turquía y Chipre, territorio de la Unión Europea, y amenaza incluso con bombardear California desde el Pacífico.  

Es increíble el poder que ha acumulado Netanyahu, principal muñidor del desastre que se cierne sobre el mundo. Consigue que un potente agente externo. la Unión Europea, no encuentre consenso para condenar el ataque sobre Irán, maniatada por la mala consciencia de muchos, a causa de las persecuciones de los judíos en nuestro continente, que remataron con el criminal holocausto en la Alemania Nazi.

Lo más sorprendente es que se haya olvidado el desastre de la invasión de Irak en 2003, sobre todo en los EEUU que la encabezaron tras el atentado de las Torres Gemelas. Contaron con la ayuda del Reino Unido, su tradicional aliado, y de la España presidida por un aficionado a hacerse fotos con famosos. También debería recordarse la fosa en que se metió el ejército ruso cuando invadió Afganistán, en diciembre de 1979, para apoyar a un gobierno comunista ante la amenaza de los muyahidines. Allí estuvo hasta 1989 cuando se retiró y dejó el poder a los ayatolas que siguen sometiendo a su pueblo, especialmente a las mujeres. En aquella aventura murieron más de 15.000 soldados rusos y el desgaste ayudó al colapso de la URSS.

En la entrada anterior citaba la política del emperador romano Adriano, versión Marguerite Yourcenar, respeto a las tierras orientales de su imperio: nunca ir de frente contra ellos. Sin embargo, Adriano sometió a los judíos, porque no se dejaban asimilar a la cultura y leyes romanas y, además, consideraban que sólo había un dios, el suyo y que ellos eran su pueblo elegido. Adriano fue el destructor del Templo Sagrado de Jerusalén y el que provocó la dispersión de los judíos. Por supuesto, no defiendo esa política, pero conviene que en Europa se empiece a ver al pueblo judío más cómo perseguidor que cómo perseguido. Ahora, después de 2000 años, los israelíes cuentan con un Estado propio, declarado en 1948 con apoyo de Naciones Unidas. Pero no les gusta que los antiguos habitantes de la zona, los palestinos, sigan por allí y se han convertido en un nuevo imperio terrestre que busca ampliar territorio y realizar limpiezas étnicas. Lo ocurrido en Cisjordania y Gaza, y ahora en Irán y Líbano, merece una condena. Como los de la foto en Coruña, una gran mayoría de los españoles están contra la guerra. La UE pierde credibilidad ante gran parte del mundo y de los propios europeos cuando parece mostrarse comprensiva con las guerras que entabla Netanyahu.

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