El viejo gordo, rico y consentido que preside los EEUU ha eliminado las restricciones a la emisión de gases efecto invernadero y las ventajas fiscales a los vehículos eléctricos y a la producción de energías limpias. También retiró a su país del Acuerdo de París, firmado en 2015 por 196 Estados para restringir los citados gases y limitar los peligros del calentamiento global. El consenso internacional sobre un tema que condiciona el futuro de todos pierde al principal Estado emisor de carbono. Se abre una barra libre al desmadre, a la que, con más o menos descaro, se sentirán llamados otros. Preparémonos para inviernos aún más complicados que éste.
Trump es de esos iluminados que se orientan por el pasado: los supuestos intereses de la patria (y de los amigos), la tradición y, dentro de ella, las creencias religiosas. Niegan los avances de la ciencia que contradicen su visión y sus deseos. Al tomar la decisión de seguir quemando las reservas de hidrocarburos, en lugar de emplear energías renovables, asume un riesgo existencial, nos pone a todos en peligro de extinción. Pero a él sólo le importan los hábitos de sus seguidores y la industria nacional, trata de asegurar que en las legislativas de noviembre le sigan votando en el interior cavernícola y petrolero del país para mantener la mayoría republicana en el Congreso. La necesita para seguir cogiendo el juguete que le da la gana y rompiéndolo si no le gusta.
Es muy importante que identifiquemos a los iluminados y sus allegados que ponen en riesgo las conquistas de la Humanidad. Los hay en todas partes y se apoyan entre sí. En España tenemos a Vox, pero hay más. Me pareció ridículo que Isabel Ayuso anunciara por videoconferencia en una convención de países iberoamericanos amigos y/o temerosos de Trump, celebrada en su finca en Mar-a-Lago, la concesión de la medalla internacional de Madrid a los EEUU en el 250 aniversario de su independencia por ser “el principal faro del mundo libre”. Distinción creada en 2024 para entrar también en política internacional, ya no le llega con hablar todos los días de la nacional, luego se queja de vascos y catalanes. Hasta ahora, el único condecorado con esa medalla había sido otro iluminado, el presidente argentino Javier Milei.
Eligió mal momento, negar los avances de las ciencias lleva a contradicciones. Bajo la presidencia de Isabel Ayuso, Madrid tiene problemas con la sanidad y fue la región europea con más muertos en relación al número de habitantes, durante la pandemia de covid. Entonces, bautizaron un nuevo hospital de la capital con el nombre de Enfermera Isabel Zendal, una mujer que procedía de una aldea, era madre soltera y, gracias a sus capacidades y esfuerzo, llegó a directora del orfanato de Coruña. Cuando se descubre la vacuna de la viruela, es elegida para cuidar a los 22 niños, entre ellos su propio hijo, que en 1803 llevaron la vacuna inoculada -entonces el suero no se podía conservar refrigerado- a América y Filipinas. Un hecho histórico, fue la primera enfermera en participar en una campaña sanitaria internacional. Las vacunas acabaron con la peste negra, que, sólo en Europa, provocaba 400.000 muertes anuales. Gracias a ellas, la viruela ha sido la primera enfermedad erradicada del planeta.
Recuerde, Sra. Aguirre, que el machote a cuyo país honra ahora con su medalla tiene un Secretario de Sanidad negacionista de las vacunas, aunque salven muchas vidas. Si su tocaya Zendal aún estuviera por aquí se avergonzaría de haber sido homenajeada por alguien que condecora a abanderados de la lucha contra avances científicos que nos hacen más saludables.
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Tras la entrada anterior (Ilustrados vs iluminados) he abierto una nueva categoría en el blog (Una nueva Ilustración) para analizar, defender y proponer medidas que permitan mantener y ampliar los logros que la ciencia y las libertades traen a la sociedad.