Es uno de los puntos clave de mi ensayo y del blog: la humanidad debe superar el modelo organizativo dominante, el estado nación, si quiere adaptarse a un mundo más abierto e interconectado y combatir con eficacia las acumulaciones de poder que atacan la democracia. La Unión Europea, iniciada tras dos trágicos conflictos que asolaron el continente, es un esfuerzo en esa dirección, crea un marco normativo y unas instituciones comunes para facilitar la armonía de los socios y favorecer un contexto mundial, regido por el derecho internacional, que promueva la libertad e igualdad de todos los humanos.

La vida no es fácil para el proyecto europeo porque diluye las fronteras y establece límites a la soberanía de sus miembros. Todos ellos vienen de una prolongada y accidentada construcción nacional, que promueve el espíritu tribal para mantenerla. De ahí salen los detractores internos, castas de políticos y funcionarios que gustan de un poder casi ilimitado y ven que se debilita. Son apoyados por un creciente número de personas con dificultades económicas, que se sienten desprotegidas por la globalización, la llegada de extranjeros y la mayor presencia de mujeres en todos los ámbitos.

Mi ensayo califica las fronteras como “embalses de poder”, levantarlas es instinto nato de los jefes de tribu a todas las escalas. Los ataques desde fuera proceden de los más conservadores que no quieren hablar de modelos de convivencia distintos al viejo estado nación. Los más grandes -EEUU, China, India y Rusia- se sienten con mucho poder, se reúnen entre ellos y llegan a acuerdos para ordenar el mundo respetando sus intereses. Hace unos días, Trump anunciaba el fin de la civilización europea, instintivamente le repele lo que representa la UE, y en Delhi se reunían Putin y Modi para asegurar que India seguiría comprando petróleo ruso, sin importarle que su dinero respalde las ansias expansionistas de Rusia, ahora Ucrania, mañana dios proveerá. Porque la religión es parte de la identidad tribal, junto a nacionalismo, racismo, autocracia, antifeminismo, negacionismo del cambio climático o de la eficacia de las vacunas… También el expansionismo, China ambiciona Taiwán, India toda Cachemira y someter a los musulmanes, Putin la antigua URSS y Trump vuelve a la doctrina Monroe para intervenir en Iberoamérica, mientras sigue mirando de reojo a Groenlandia e, incluso, Canadá.

Está débil el modelo alternativo de colaboración, dilución de fronteras y respeto por el derecho internacional y las libertades, el de la UE. Los poderosos se sienten muy capaces de hacer lo que les parece. Los europeos, inventores del estado nación, tenemos la responsabilidad de mantener viva una vía de convivencia alternativa que la nueva situación de nuestra especie necesita, a pesar de las dificultades para consolidar un sistema de base organizativa diferente al de los más poderosos, que ven con aprensión los intentos de extenderlo y entorpecer sus pretensiones de dominio. El nuevo acuerdo comercial entre la UE y Mercosur va en esa línea y debería ratificarse pronto, a pesar de la resistencia de los más nacionalistas en ambas orillas del Atlántico, como Milei en Argentina y Orban en Hungría.

La tarea que tenemos por delante en nuestro continente es muy difícil, necesita más cambios organizativos dentro y fuera de los estados miembros y sabemos que cambiar se ha vuelto complicado, cuando está en alza el nacionalismo, que siempre reivindica el pasado, mirar hacia atrás. Parte del problema de rigidez reside también en que los sistemas de información, compartidos en las redes sociales, son manejados por manos próximas a los grandes jefes.

El avance de Europa debe dar prioridad a dos puntos básicos . De un lado hay que tener más autonomía, más independencia de actuación para hacer valer nuestro peso en el sistema económico y político general. Para ello es preciso disponer de una defensa común avanzada e ir dejando el paraguas de los EEUU que dudamos nos proteja de los temporales que vienen del este. También es necesario aplicar con rigor leyes de competencia, que aseguren que los sistemas de comunicación e intercambio de información no generen monopolios que faciliten su manipulación.

En esta línea va la reciente multa impuesta a X, por no respetar las normas de protección de los derechos de sus usuarios que prevé el nuevo reglamento europeo de servicios digitales. Trump lo ha considerado un ataque a los EEUU, porque el dueño de esa red, Elon Musk, es uno de los amiguetes con los que se reúne en clubs exclusivos para hablar de negocios y de cómo ordenar la vida de la gente, cosas que van ligadas con excesiva frecuencia.  El Sr Musk ha pedido la disolución de la UE, no le gusta que le hagan cumplir reglas que no pueda modificar tomándose una copa con Trump y alegando los intereses estratégicos del gran país dominante.

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