Adiós en gaélico, slàn leat es lo que dice el que se queda cuando otro se va. Sale de esa parte de mi corazón que se siente irlandesa después de un par de fantásticos veranos que pasé allí a mediados de los 60. Incluso me preocupé por aprender alguna expresión en su lengua vernácula.

Nosotros nos quedamos en la Unión Europea, como el Eire, aunque muy tristes, porque la salida de Inglaterra y sus satélites es un paso atrás en lo que representa la UE: un intento de superar las limitaciones del Estado nación tradicional en tiempos más abiertos e interconectados. El último capítulo de mi libro (Más allá del Estado nación) entra bastante en estos asuntos, que deberían ser determinantes para organizar mejor esta Humanidad tan grande. Pero, por desgracia, parece que se abre el tiempo del cangrejo y avanzamos hacia atrás.

Y prepárense, señores ingleses, para mejorar su comprensión del gaélico, porque en los próximos años quizá escuchen a escoceses e irlandeses del norte decirle al Reino Desunido: slàn agat, la forma de despedirse del que se va. Un idioma rico que tiene adioses diferentes para el que se va y el que se queda. A lo mejor, toda esta desgraciada historia tiene un lado positivo y nos sirve para festejar el fin de la estúpida división de la isla y que Irlanda sea, otra vez, un sólo país.

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