Suelo mirar cada día la cotización del petróleo, porque me parece un indicador sensible a la evolución de los principales problemas con los que nos enfrentamos. En el último mes y medio ha tenido muchas oscilaciones. Hoy me he detenido en calcular la cotización media del barril de crudo tipo Brent en las últimas decenas, esta es la serie que me sale: 63.64 (3ª-nov.), 63.10 $ (1ª-dic.), 65.40 $ (2ª-dic.), 67.40 $ (3ª-dic) y 66.90 $ (1ª-ene.).

En las 5 decenas coinciden hechos que ayudan a entender lo que pasa. Hay una reunión de la OPEP, el 6 de diciembre, que acuerda un recorte de producción de 2,1 millones de barriles diarios, apoyada en principio por Rusia y algún otro país externo a la principal organización petrolera, que se comprometen a una bajada adicional de 0,5 millones de barriles.

El recorte principal lo asume Arabia Saudita, enfrascada esos días en la salida a bolsa de su petrolera nacional Aramco (11/12) Desde entonces, es la empresa de más valor en bolsa del mundo (vale casi tanto como Apple y Google sumadas), lo que es lógico porque también es la que más beneficios tiene.

A pesar de los esfuerzos de la Opep y especialmente de los sauditas, las cotizaciones medias del crudo tipo Brent de la primera decena de diciembre estuvieron en la línea de las de la última de noviembre, después suben con claridad. Creo que en esto ha influido mucho el fracaso de la Cop25 de Madrid, los mercados esperan que las medidas contra la emisión de CO2 tardarán y la demanda de petróleo seguirá alta.

Durante un par de días de enero el precio sufrió fuertes alteraciones, tras el vuelo del dron de la muerte (antes eran ángeles y quedaba más poético), enviado por Trump, que el día 3 se abalanzó sobre el general iraní Soleimani y sus acompañantes. Pero luego las cotizaciones volvieron a niveles anteriores.

Durante la pasada Cumbre del Clima (Cop25) estuve bastante ocupado tratando de que hiciéramos algo impactante para ayudar a que los países asistentes se comprometieran a medidas serias para combatir la subida de la temperatura global. Pero el país, en víspera navideñas, se dedicó a la fiesta (con muchas luces) y a pasear alguna manifa con personajes internacionales. Me resulta sorprendente que la oportunidad perdida para hacer algo útil para el planeta se olvide en seguida, incluso que recordemos la cumbre, según una encuesta que se hizo a fin de año, como el mayor éxito exterior de España en 2019.

Nos quedamos en lo superficial, organizamos bien el lado hotelero y organizativo de la Cumbre, pero nada más. Espero que la nueva vicepresidenta de transición ecológica, Teresa Ribera, obtenga mejores resultados en su nuevo cargo que los que logró en la Cop25, donde trabajó mucho para intentar conseguir acuerdos que no fueron posibles. Ecologista y antitaurina, también será interesante observar si influye en canalizar de forma ordenada la inevitable decadencia de la Fiesta Nacional, no sólo la de las centrales térmicas.

Reducir el consumo de derivados del petróleo, además del impacto positivo en la sostenibilidad del planeta, ayudará también a la mejora de las libertades democráticas, pues le retirará influencia a individuos tan peligrosos como Mohamed bin Salman, Vladimir Putin o Nicolás Maduro. No va a ser fácil porque hay mucho dinero en juego.

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