La institución monárquica tiene especial arraigo en el norte de Europa, donde se respetan tradiciones ininterrumpidas. En las últimas semanas, miembros de las familias que ocupan esos tronos aparecen en los “papeles de Epstein”, hechos públicos por el Departamento de Justicia de los EEUU. Algunos príncipes y princesas mantuvieron contactos con él e incluso le pasaron información confidencial de sus países.
Los que disfrutan de poder actúan con discreción, pero sienten cierta impunidad para intercambiar favores o hacer algo que apetezca, aunque no siempre sea correcto. La enorme capacidad de relación de Jeffrey Epstein, ayudado por su mujer Ghislaine Maxwell, le permitió sacar partido de la casta de poderosos. Tenía varios servicios, incluida una red de mujeres y menores explotados para desahogos sexuales. Sus actividades tocaron a grandes millonarios, políticos importantes, incluidos presidentes de los EEUU, y miembros de la realeza nórdica y británica
Este blog está interesado en procesos que influyen en la forma de organizarnos y pongo el foco en una institución que aún ocupa la jefatura de Estados europeos y empieza a ser cuestionada. Los abusos de privilegios, que el caso Epstein pone sobre la mesa, se añaden a puntuales desvaríos anteriores. La monarquía acarrea el desempeño del más alto cargo del Estado por parte de familias que se lo van pasando en herencia. Privilegios de otros tiempos. No sólo para el rey o la reina, que ejercen el trabajo constitucional, sino para hijos, hermanos, padres, abuelos, tíos y primos. Los reyes tienen corte de nobles, ahora sustituidos por ricos e influencers con acceso a palacio.
Epstein alcanzó los espacios privilegiados ofreciendo servicios y contactos. La revelación de los excesos que promovió, contamina a los que ejercen un poder que consideran perpetuo e intocable y puede llegar a pasarles factura. Las monarquías sufren desgaste de imagen y se empieza a abrir el debate de cambiarlas por sistemas republicanos, más acordes con los tiempos.
La monarquía española no se ha visto afectada por el caso Epstein, pero su legitimidad también se resiente. Somos el único país europeo que, en los últimos ciento setenta años, ha recuperado una institución de otros tiempos, después de haberla suprimido. Y lo hemos hecho dos veces, gracias a golpes militares dirigidos por los generales Pavía y Franco. El último con ayuda de una guerra cruel, acompañada y seguida por una limpieza a fondo de opositores. La débil legitimación de origen se ha desgastado más por las aventuras amorosas y financieras del “rey emérito”. La familia parece nerviosa, se juega seguir heredando la jefatura del Estado, entregando premios varios con el nombre de cada miembro del clan (otorgar títulos de nobleza ya no está tan en boga) y bautizando museos, calles y hospitales.
La desclasificación de casi todos los papeles del intento de golpe del 23 F reivindica el papel de defensa de la democracia de rey Juan Carlos, designado por Franco para dirigir su sucesión. Pero siempre quedarán dudas. Extraña que no estuviera al tanto de lo que se tramaba, dada su vinculación a las fuerzas armadas y la involucración de personas muy próximas a él. Quizá analizaba qué sería lo mejor y tardó algo en decantarse y decirle al general Milans del Bosch, según testimonio de Sabino Fernández Campos secretario de la Casa del Rey: “Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás.” Lo cual deja abierta alguna cuestión. Cómo que Milans pudiera esperar otra decisión, que no hacía sentido dada la falta de seguimiento del golpe.
Pero, tal como está el mundo, no creo que las familias reales deban preocuparse a corto plazo, porque la banda de iluminados que cada día influyen más y meten las armas ante cualquier situación, como estamos viendo en Oriente Medio y en sus vecinos –Pakistán y Afganistán-, son proclives a dirigir el futuro mirando al pasado. Les gustan las monarquías, pero sus majestades no deben relajarse, un número creciente de personas ya no las ve inamovibles. Les conviene no dar motivos para que los pasen al retiro definitivo. Si desaparece una sola de las monarquías europeas, se abrirá la veda.