He denunciado varias veces, en este blog (entrada 12/06) y en el libro, que el principal problema de los EEUU es la venta libre de armas. Provoca unos 35.000 muertos al año, entre 20.000 y 25.000 más que si tuvieran la ratio de muertos por habitante a causa de las armas de fuego del Reino Unido, por ejemplo.

El principal distribuidor comercial allí, la cadena de hipermercados Walmart, ha retirado, la semana pasada, los expositores de armas de sus tiendas, por miedo a los disturbios que se pueden producir después de las elecciones de mañana. No obstante, las seguirá vendiendo si se piden expresamente, la segunda enmienda de la Constitución protege esa salvajada.

Esperemos que, si se produce la victoria de Biden sea lo suficientemente clara para que no llegue la sangre al río. A la mínima duda, Trump (entrada del pasado 20/09) se resistirá a abandonar la Casa Blanca y envalentonará a sus seguidores más radicales, que saldrán por las ciudades y los caminos armados hasta los dientes, dispuestos a todo para conservar el poder.

La reflexión me permite insistir en que las fuerzas más progresistas de la mayor democracia, que muchas veces arriesgan sus vidas, sobre todo si son negros, protestando en las calles, deberían ser prácticas: no desperdigar en exceso sus demandas y centrarse en que se elimine esa segunda enmienda. Cualquier otro sistema de combatir el exceso de armamento no pasará el filtro del Tribunal Supremo, que ha quedado dominado por gente muy conservadora después de los tres nombramientos que ha realizado el actual Presidente.

Termino con una cita del libro (pg. 158) que sirve de base al blog:

Los Estados Unidos perdieron, durante los cinco años que duró la Segunda Guerra Mundial, 220.000 soldados. El mismo número de personas que mueren cada diez años a causa de la legislación sobre armas, en una permanente guerra difusa que se libra a tiro limpio…

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