Una frase que leí hace muchos años, creo que de Pancho Villa, militar y héroe revolucionario mejicano. No he podido comprobar su veracidad, quizá sea una antigua versión de fake new, alguien atribuye a otro algo que no dijo. Hay muchos dichos de personajes conocidos que no son de ellos, Winston Churchill es depositario de numerosas frases que se han hecho célebres, aunque no sean suyas. Pero el titular sirve para caricaturizar la sentencia del Supremo que ha descabalgado de su cargo de fiscal general a Álvaro García Ortiz, al condenarlo a multa y dos años de inhabilitación por revelación de secretos, con el voto de la mayoría conservadora del tribunal.

Conocimos la decisión hace 10 días, a poco de terminar un juicio muy mediático por su excepcionalidad e impacto político. Debían tener prisa para obligar al acusado a dejar su cargo, pero parece que les cuesta cubrir los papeles, se está retrasando demasiado el texto de la sentencia. Se trata de un juicio de única instancia, ningún tribunal inferior analizó y validó previamente las pruebas, que resultaban confusas. Se basaban en correos electrónicos de diversas horas y fechas y en testimonios contradictorios. Mi viejo espíritu de licenciado en derecho estuvo pendiente del un proceso. Tengo especial interés en la rápida aceptación de las pruebas para respaldar la condena.

Las notas enviadas y las declaraciones de testigos sobre cuando se conoció que la pareja de la Presidenta de Madrid admitía un delito fiscal, por lo que leí y escuché aquellos días, parecían indicar que se supo antes de que saliera desde la fiscalía un correo informando de ello. Aunque hay acciones que dan que pensar, como el borrado del móvil del acusado o que los periodistas que se adelantaron a difundir la noticia no quieran revelar sus fuentes, apelando al secreto profesional lo que impide confirmarlas. Por otro lado, está el viejo principio del derecho penal in dubio pro reo. La duda debe beneficiar al acusado, línea fundamental de la filosofía de la justicia, que provoca que algunos culpables puedan salir absueltos por no probarse con suficiente rigor la comisión del delito o la falta, cosa que ocurre con demasiada frecuencia en los delitos de abusos sexuales. Un coste que pagamos para tratar de impedir que haya personas inocentes condenadas.

Va siendo hora de conocer la sentencia, que supongo que se va a producir poco después de publicarse esta entrada, no debería retrasarse más. Otros graves escándalos delictivos de ámbito político están haciendo que nos olvidemos algo de García Ortiz, incluido el excepcional encarcelamiento preventivo de un reciente ministro y aún diputado.

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