La economía mundial está recibiendo un golpe brutal, sin precedentes, del que le costará recuperarse y que va a dejar grandes agujeros en las finanzas públicas. No es inevitable. Tenemos a nuestra disposición una solución barata, eficaz y bastante rápida, basada en nuevas tecnologías ya muy probadas: iniciemos un proceso de eliminación de los billetes. Por primera vez, desde que los seres humanos inventaron el dinero, podemos hacer que los medios de pago sean trazables. No necesariamente transparentes, un tema importante sobre el que volveré en una futura entrada.

Los jóvenes lo saben bien: los billetes son antiguallas que, además, transmiten gérmenes nocivos. En estos días supongo que estarán aumentando mucho los pagos electrónicos, no sólo porque parte importante de la actividad comercial se ha desplazado a internet, también porque la gente no quiere correr el riesgo de contagio que supone manejar efectivo.

Sin papel moneda desaparecería en muy poco tiempo casi toda la economía sumergida. En España el Estado pasaría a recaudar en torno a un 20% más. Podría abordar la imprescindible expansión del gasto público para atajar los problemas derivados de la pandemia, sin subir impuestos y sin aumentar la deuda pública. Parece imposible, pero no es difícil.

En el plano social sería aún más importante por la práctica eliminación de la economía criminal, lo que nos permitiría vivir más tranquilos, con menos violencia. La mayor parte de los delitos que se cometen tienen un interés económico y sólo buscan una cosa: billetes. Lo hacen robándolos directamente, o vendiendo los productos robados o retirando en papel moneda lo obtenido entrando en cuentas de otros, mediante estafas (electrónicas o de otro tipo).  Son también el instrumento imprescindible de todos los tráficos ilegales (personas, armas, drogas, prostitución), del terrorismo y de la corrupción. Sin billetes, en un par de años, necesitaríamos bastantes menos policías. Se podrían convocar la mitad de plazas nuevas para sustituir a los que se jubilan y aumentar las de sanitarios, educadores o trabajadores sociales, sin gastar un euro más.

Por razones profesionales y formación específica, llevo tiempo analizando el tema (La energía Oscura del Dinero, 2007) y debatiendo sobre él. Pero ya no es una preocupación minoritaria. Dinamarca tiene en marcha un proceso que les llevará a la supresión completa del papel moneda, Suecia ha iniciado también ese camino y algún importante economista, como Kenneth Rogoff (The Curse of Cash, 2016), recomienda avanzar en esa dirección. Se sabe como lograrlo y no es difícil, si tienen dudas pregunten e infórmense.

En próximas entradas, iré analizando dificultades y profundizaré en los argumentos para convencer a los que se puedan oponer. Al final, el que desee conservar esta serie de entradas (en el blog hay una nueva categoría específica: Sin Billetes) tendrá un pequeño libro sobre un asunto que ocupa cada vez más espacio entre los temas de interés colectivo.

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Como complemento, de vez en cuando, iré recogiendo noticias que tengan que ver con lo que se ha expuesto. Ejemplos de una realidad que nos parece normal y que, por primera vez, podríamos eliminar.  Anteayer saltaba la noticia de la detención en Marbella de un delincuente turco, proveedor de heroína en Galicia. Le incautaron 27 kilos de droga y algo de dinero (45.000 euros), en billetes por supuesto.

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