Estoy en contra de cualquier forma de violencia política. Puedo parecer cándido, pero me preocupa la polémica que se ha montado con el cartel promocional de la serie de HBO, basada en Patria de Fernando Aramburu, una gran novela. Las imágenes empleadas, que se reproducen más arriba, han provocado reacciones airadas de los que sienten que la violencia de unos es menos mala que la de otros y les horroriza que se equiparen. Según ellos, hay asesinos, secuestradores o torturadores mejores y peores. Patrias que exculpan violar la ley, patrias que no.

¿Es más justificable la tortura de la policía o los crímenes de los GAL o del Batallón Vasco Español que los de ETA?. A mí no me lo parece, no me gustaría tener que elegir entre las bandas de Fco. Javier López Peña y de Melitón Manzanas. Los de esta última han estado torturando y matando con impunidad y en la completa ilegalidad, aún después del atentado que costó la vida a su antiguo jefe, siendo funcionarios del Estado, pagados por todos.

Pueden dar más miedo los que trabajan en el Estado profundo, porque es más difícil defenderse de ellos. Tienden a permanecer y a inventarse trabajo. Si hace falta, llegan a provocar violencia desde organizaciones infiltradas por ellos para aumentar su poder y cobrar recompensas. Sirvieron de motivo para que algunos de los que sufrieron sus métodos, o los sintieron cerca, se apuntaran a ETA. Pretendían combatir el terrorismo y lo reforzaban. Fue un error grave del Estado en el plano ético y de lucha contraterrorista.

En democracia, no se combate la violencia política con guerra sucia desde el Estado. Aún hay demasiados que no son conscientes de ello y aplaudirían una vuelta atrás. El tema merece una reflexión, antes de que el cambio del cartel de HBO haga olvidar el rasgar de vestiduras.

Rodolfo Martín Villa sabe algo de todo aquello.

Fue ministro de Franco y Gobernador Civil y responsable de orden público de Barcelona en el turbulento año y medio siguientes a la muerte del dictador. Cuando volvió a Madrid, convertido en Ministro de Interior, recuperó a Roberto Conesa, el mayor exponente de la eficacia de la policía político-social del Régimen en liquidación, entrenado en su juventud por los nazis y después por la CIA. El anterior ministro, Manuel Fraga, se lo había quitado de encima desplazándolo a Valencia. En momentos muy complicados por la presión criminal de ETA y otros, Martín Villa lo ascendió a comisario general de información. Desde ese puesto, extendió el uso de los interrogatorios más “convincentes” y manejó organizaciones paralelas para combatir el terrorismo, o lo que él consideraba como tal.

Sus métodos permitieron notables éxitos policiales, pero la variante vasca de “lucha armada” no dejó de crecer. Suele pasar cuando la razón de Estado se antepone a la ley y se emprende una escalada de violencia. Se acaba por tener demasiados muertos. Practicó la tortura y la eliminación de personas supuestamente vinculadas a ETA, GRAPO, MPAIAC o FRAP. Le acompañó con entusiasmo su principal colaborador, Antonio González Pacheco, Billy el Niño. Siniestro personaje que falleció por coronavirus en mayo, portando su medalla de plata al mérito policial, concedida por Martín Villa. A Conesa se la dio de oro.

En las cloacas en que se movía esa gente, trasladando a la democracia los métodos fascistas – triste apartado de la transición propiciado por los etarras y aplaudido por muchos nostálgicos de Franco- aprendía su oficio un joven policía, J. M. Villarejo, que, por lo que ahora sabemos, también supo sacarle partido a la escuela en que se formó.

 Quizá la investigación de la jueza argentina, María Servini, nos ayude a saber más de las tácticas policiales que se usaron entonces y que no rechazan lo suficiente los que se escandalizaron por el cartel de Patria. Hay muchos demócratas que quieren saber lo que pasó, aunque la calificación de los hechos como genocidio parezca excesiva. Ánimo Sra. Magistrada, no se debe dejar impresionar por el apoyo que ha recibido el ex Ministro de Interior de los ex Presidentes de Gobierno. Alguno puede tener miedo de que tire usted del hilo.

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