A él me refería en mi entrada del 6 de noviembre (Desconfíen de los apparátchik que aspiran a la nomenklatura) y cumple con lo esperado: propone suprimir las limitaciones que había en los estatutos de Podemos. Ideas románticas de cuando capitalizaban la movilización popular del 15-M. Quiere eliminar el límite de 12 años a la permanencia en los cargos y el tope salarial para los políticos, fijado en tres veces el salario mínimo interprofesional, lo que pasa de ahí va al partido. Las restricciones están afectando tanto a Pablo como a Irene.

La supresión del techo salarial es lo que levanta más polémica en un país que tiende a hablar de dinero con excesiva carga emocional. A mí me parece bien: las personas que ocupan cargos relevantes deben tener un nivel de ingresos adecuado a sus responsabilidades. De entrada, refuerza la resistencia a la tentación de “vender favores”. En el libro explico algo que aprendí en mis muchos años de banca: la virtud es normalmente falta de oportunidades. Si estas son muy grandes pocos son capaces de resistirse, es mejor no poner demasiado a prueba la resistencia de nadie.

Además, en el plano de la política social, la conexión de los ingresos de los que toman decisiones con el resultado de esas decisiones, elevar el salario mínimo en este caso, es verdaderamente peligrosa. No debe haber un incentivo salarial directo que promueva el aumento sin más de una medida de igualación tan importante y, si se exceden niveles razonables, tan sensible a provocar desempleo en un mundo abierto.

Me entristece más que supriman la limitación de mandatos. Tema al que en el libro dedico bastante espacio (capítulo 1, El Poder del Aparato) como medida deseable para controlar la creación de castas estables en el ámbito político. Porque éstas dificultan la renovación de cargos y acaban contaminando todo el entramado institucional de equilibrios y controles, el Estado de Derecho en definitiva.

Podemos se pasa a la casta con armas y bagajes. Es un partido más, nunca tuve esperanza de que un tinglado de apparáchik  tuviera la entereza de mantener obstáculos a la perpetuación de los que alcanzan la santa nomenklatura. Va bien, en este caso, el empleo de términos que los rusos de a pie acuñaron para referirse a los que vivían del Partido, porque Podemos emite efluvios que recuerdan a  movimientos con afición a perpetuarse en el poder.

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