La elección de alcalde de Nueva York ha sido de película. La ciudad vio nacer a Donald Trump, un político rubio, ario, muy rico, viejo, cristiano, anti seguridad social y republicano de tendencia fascista. En las elecciones del pasado día 5, resultó elegido alcalde, por abrumadora mayoría, un candidato opuesto a ese prototipo. Zohran Mandani, joven inmigrante musulmán es el colmo de la diversidad. De origen indio, nació en Uganda y llegó con sus padres a los EEUU. Es un inmigrante nacionalizado, un demócrata de ideas socialistas, que promueve más participación pública en programas sociales. Lo de la película se queda corto, si nos presentan tal confrontación de personajes en el cine o en una serie, muchos pensarían que el guionista estaba colocado.

La elección de Mandani ocurrió el mismo día en que dos mujeres demócratas de perfil menos radical fueron elegidas con claridad para gobernadoras de Virginia y Nueva Jersey, y en que California autorizó en referéndum que su cámara legislativa pueda cambiar límites de distritos electorales para favorecer la elección de más congresistas demócratas y reforzar las posibilidades de que, en las elecciones del 2026, la oposición recupere el control de la cámara baja y entorpezca más la ejecución de las medidas promovidas por Trump. La compleja estructura legal de los EEUU, que cumplen el año próximo los 250 años de su independencia, dificulta que líderes de líneas simples y dispuestos a imponerlas a cualquier precio, como el actual, puedan llevarlas adelante. Es una virtud democrática.

El rumbo que tome el país después de lo ocurrido, que indica que una parte importante del electorado está defraudado por lo que hace su presidente, dependerá mucho de lo que haga el nuevo alcalde neoyorquino soportando la presión mediática y la profunda animadversión del gobierno que intentará hacerlo fracasar. Los demócratas estuvieron en situación ideal, Trump de presidente, pero no en las papeletas. No deben confiarse. Los resultados futuros dependerán de cómo los electores moderados, que pueden cambiar de partido, vean lo que hace el nuevo jefe de la Gran Manzana. En las elecciones que lo han encumbrado muchos republicanos no votaron porque no se encuentran cómodos con su conciudadano ampliando la Casa Blanca con nuevos salones llenos de dorados, pero pueden cambiar de actitud.

Además, lo ocurrido reforzará enfrentamientos entre posturas radicales, centradas en ideas simples y regadas por las redes sociales, en que influyen muchos amigos de Trump. La mayor parte los EEUU profundos tienen ideas y sentimientos alejados de los de la gran ciudad donde reside la ONU y ejerce de capital del mundo, o de la progresista California. Tienden a mirarse el ombligo y su radicalización puede dar lugar a tensiones peligrosas para ellos y para el resto del mundo. Trump seguirá guerreando y, si hace falta, diluyendo garantías democráticas para seguir haciendo lo que le parece.

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