Este Gobierno adopta soluciones económicas que algunos considerábamos cosas del pasado y las presenta como si acabara de descubrir la pólvora. Lo de la deuda perpetua es una medida que me retrotrae al siglo XIX, quizá porque Doña Juana de Vega, fallecida en 1872, nos recomendaba a los patronos de su Fundación, en su testamento, que mantuviéramos el patrimonio invertido en tierras, evitando inversiones financieras “ínterin la Nación no mejore y consolide su crédito”. Eran épocas de guerras coloniales y dificultades para financiar la deuda pública, que periódicamente pasaba a ser perpetua. Ahora resulta que vuelven esas ideas como la gran solución para acometer gasto sin tener que devolver el dinero.

El norte de Europa, de mentalidad protestante, no va a tragar. Tienen la costumbre de pagar lo que piden a crédito y les da vergüenza confesar, de entrada, que no van a devolverlo, aunque en su historia también ha habido de todo. La medida es más común entre gobiernos populistas, especialmente los de algunas de nuestras antiguas colonias. El problema que tienen estos es que fuera del país no les compran esos títulos y sólo recurren a la deuda perpetua para transformar deuda interna a la que ya no pueden hacer frente. Como ocurría aquí hasta hace 50 años.

Regular los precios de productos esenciales por decreto es otra tentación populista, que tiende a causar más daños de los que pretende solucionar porque acaba generando desabastecimiento y mercados paralelos. Un sistema de fomentar la economía sumergida que tanto cuesta desmontar. Así hemos construido la historia del contrabando. Que se reúna un grupo de políticos y “expertos” para decidir que el precio máximo que se puede aplicar en la venta de determinada mascarilla, la de más uso, es de 96 céntimos la unidad, IVA incluido, suena a raro en un país con una economía abierta.

Si quieren evitar que este artículo, imprescindible para combatir la epidemia de coronavirus, sea objeto de especulación, parece más lógico que sea el propio Estado el que recurra a importaciones masivas y las canalice a través de canales que pueda controlar, gratis o a precio fijado. Esa medida presionaría al resto de proveedores a no desmadrarse en los precios, mientras dure la situación de desabastecimiento del producto.

La vicepresidenta económica es una mujer preparada y, supongo, que se pondrá colorada en Bruselas, a veces, defendiendo ideas que no ayudan a que los países menos endeudados estén dispuestos a echarnos una mano. Creo que debería preparar un curso intensivo de historia y política económica para algunos de sus compañeros de gabinete. Lo raro es que el Presidente Sánchez sea doctor en economía, no lo parece.

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Por cierto, señores centralistas, ¿Cuándo podrán salir a pasear los ancianos de La Graciosa? ¿Tendrán que esperar a que puedan hacerlo los de Madrid?

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2 comentarios

  1. Es increíble y gravemente preocupante.
    Suelo venir por aquí más para confrontar (amigablemente) que para aplaudir los comentarios de Enrique Sáez. En esta ocasión apenas me deja “hueco” para ello, pero ¿Que se puede esperar si nos atenemos a los antecedentes?. Tanto durante el periodo precedente a las últimas dopadas elecciones, como en la incalificable que medió hasta la formación de Gobierno y todo lo que vino después… veniamos asistiendo a una serie de demagógicos despropósitos e improvisaciones que ya no auguraban nada bueno. Y, en ésto, ignorado pese a todos los preavisos y evidencias, el coronavirus llama a nuestra puerta. Mejor dicho, no llama, pues la puerta está abierta y el camino alfombrado, tanto que solo cuando lo no evitado se hace evidente, se reacciona. Es tarde y para intentar corregir se sobreactúa, arrogándose el Gobierno central un “mando único” que lo desborda, A partir de ahí toda una cadena de inificiencias, convertidas en ineficacia, tanto de carácter logístico como de coordinación (salvo para garantizar el confinamiento y no mucho más) dejó la mayor parte de la provisión de medios y el operativo en manos de las CCAA y en la generosa solidaridad de entidades y particulares, además de, claro está, en la encomiable profesionalidad y esfuerzo de sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y un largo etc, que están en la mente y el profundo agradecimiento de todos.
    Los resultados de todo ello a la vista están. Lo que es medible no es opinable.
    Ahora, aunque la pandemia está lejos de ser vencida, parece que si en vía de contención. De ningún modo se puede bajar la guardia, pero es imprescindible reactivar el país si no queremos que, salvo por el impagable precio de vidas humanas, el remedio sea mucho peor que la enfermedad. Pero con este panorama ¿es posible salir adelante?. Los casos y cosas que comenta Sáez, incuestionables, son una mínima parte, pero en algún modo, representativas del iceberg contra el que la nave amenaza con estrellarse si no se enmienda el rumbo y no se navega después con buen gobierno, firmeza y determinación, desoyendo los cantos de sirena que nos llevarían a un encallamiento de difícil, costosísimo y largo rescate, casi tanto como la deuda perpetua que se pretende mutualizar y otros se resisten a asumir con tan empecinada tripulación.
    P.D. Respecto a como actuar con las preciosas y muy queridas islas El Hierro y La Graciosa, me remito a los criterios de actuación asimétrica, entre otros, por los que aboga el Presidente de Galicia, señor Núñez Feijoo.

    1. Hoy vuelvo sobre esas asimetrías y la naturaleza íntima de donde proceden los errores de los que nos gobiernan. Y me sigo acordando de los niños de El Hierro, que han mejorado algo. Ya no son sólo una parte de España, ahora son también Provincia de Tenerife, algo mejoramos.

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