Un mundo más radicalizado representa un mal presagio para los derechos de las mujeres, que tanto ha costado levantar en los últimos siglos, conforme de consolidaban los sistemas democráticos. Dejar de considerar que todos los seres humanos somos iguales y merecemos la misma protección indica que caminamos hacia atrás, con el grave riesgo que trae el aumento del gasto militar y los enfrentamientos armados, como los de Ucrania, Gaza o Sudán.
La violencia que ejercen los hombres contra las mujeres no cesa. Es la más terrible prueba de que un porcentaje elevado de ellos no tolera la libertad de ellas. Necesitamos más medios educativos, sociales, policiales y judiciales específicos para frenar la hemorragia se dolor y marginación. Es preciso levantar un sistema que impida tanta agresión machista.
El caso extremo es el régimen talibán de Afganistán que las considera seres inferiores. La erosión y privación de sus derechos se extiende por aquella zona (Irán, países árabes, Pakistán…), donde predomina la religión que más las margina. En los países democráticos la batalla frente a las libertades del género femenino, una vez que se acepta que todos somos iguales, se centra fundamentalmente en el derecho del aborto, el específico de ellas. Es siempre el primero que se limita o simplemente se elimina cuando el poder se concentra en la derecha más radical y decaen las libertades. Mi ensayo lo considera el mejor sensor de la calidad democrática de un país.
Aquí también se lucha contra el aborto, es decir contra una democracia plena. Vox, que glorifica dictaduras fascistas, quiere prohibirlo. Más hacia el centro político, al PP no le gusta y lo manifiesta de diversas formas en las comunidades donde gobierna. Recientemente hemos sabido que la de Madrid, a pesar de que se lo ordena la legislación vigente, no creará el registro de médicos objetores, que trata de evitar que las que quieren abortar sean enviadas a sitios donde no las van a atender y pueden intentar adoctrinarlas.
El ensayo que me sirve de base dedica uno de sus cinco capítulos a la libertad de las mujeres. Me interesa buscar las raíces del rechazo a los derechos de las mujeres, que incluyen poder dejar a su pareja y pelear por sus hijos, causa de que muchos animales machos las ataquen e incluso apliquen violencia vicaria sobre los descendientes. La democracia que les permitió tener libertad está siendo erosionada: suben los políticos autocráticos y las dictaduras más fuertes y racistas intentan encerrarlas en sus casas para que produzcan más hijos. La tarea siempre recibe ayuda de las grandes religiones, que convencen a multitudes enormes de ideas de la familia que proceden de otros tiempos, tema que también analiza mi libro. Eso explica que en la línea más autocrática destaquen mujeres como Meloni, Le Pen o Takaichi o la propia presidenta de Madrid. También en las redes de prostitución que las esclavizan hay colaboradoras, en las de los peores barrios, o en la sofisticada de Epstein que tenía una socia eficaz para facilitar” servicios especiales” a machos alfa poderosos.
Las razones más profundas de la vuelta atrás que observamos tienen que ver con el debilitamiento de las clases medias, que erosiona las democracias. Apuntaba las causas en la entrada anterior y seguiré profundizando. Al menos, en el día dedicado a combatir la violencia de género, me quiero quedar con el optimismo que trasmite la creciente cantidad de mujeres dispuestas a luchar por sus derechos. Especialmente interesante es el caso de Irán, donde constituyen la principal línea de resistencia a la dictadura de los ayatolas.