Desde hoy, los niños de El Hierro o La Graciosa o de muchos pequeños pueblos, donde no ha habido prácticamente incidencia del coronavirus, pueden salir a la calle o al parque, una hora como máximo. Tienen suerte de que ya puedan hacerlo los de Madrid, que parece ser la referencia de los que toman decisiones.

El Presidente del peor gobierno del mundo en combatir la epidemia nos intranquiliza cuando reitera que va a seguir pilotando la vuelta a una cierta normalidad. Probablemente, no ha leído el editorial de Le Monde del lunes pasado, al que ya he hecho referencia. Desde París, el centro de la cultura jacobina, se decía que los alemanes lo hacían mejor que ellos porque dejaron que los Estados, los Lander, adaptaran el proceso a la realidad de cada zona.

Aquí no hay autocrítica, a pesar del desastre que ha provocado la toma de decisiones con visión uniforme. Seguirán creando dolor a muchas personas. Por ejemplo, a los ancianos de los lugares antes mencionados, porque no pueden ir a pasear, aunque no haya rastro de coronavirus por allí. Supongo que les dejarán salir cuando puedan hacerlo los de Madrid y en las mismas condiciones.

Tampoco entiendo la razón para prohibir el baño en las playas de las zonas donde la epidemia está más controlada, me pregunto cuál será la diferencia profunda, para la propagación del COVID-19, entre caminar o nadar. O de que no abran las escuelas de las zonas citadas, que tienen pocos niños y podrían terminar el curso de forma más normal.

Además de infringir sufrimiento innecesario, están agravando los daños económicos, porque hay territorios que podrían recuperarse más rápido. Empiezo a sospechar que no quieren perjudicar los intereses relativos de la ciudad donde se reúnen todo el tiempo con “expertos” para tomar decisiones de todo tipo.

Sabemos que esas medidas se implantan mejor desde las CCAA, el mundo está lleno de ejemplos. El gusto que, al parecer, le han cogido al mando seguirá incrementando el dolor y las pérdidas económicas. Me inquieta especialmente que la incapacidad que muestran para analizar con objetividad la ineficacia del centralismo, en un país como España, no nos permita extraer adecuadas conclusiones para el futuro y sigamos profundizando en las vueltas atrás. Habrá que reflexionar despacio y con la cabeza fría en lo que nos está pasando y por qué.

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1 comentario

  1. Como no suelo “discutir” cuando estoy de acuerdo, nada que objetar a lo dicho. Solo reafirmar que cuando se manda mucho y mal, como es el caso, mal vamos.

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