Como suele pasar con la clase política, nadie se siente responsable de los riesgos que se asumieron desde que la pandemia llamó a nuestra puerta, al no comprar material básico suficiente, al no confinar Madrid en cuanto se detectó que era nuestro Wuhan o al permitirle después un desconfinamiento alegre. Me temo que habrá que esperar a que los historiadores lo aclaren.

La división política impidió tomar decisiones adecuadas, cuando ya Italia había recibido el impacto del virus y nos llevaba unas semanas de adelanto. Si están en juego vidas humanas y una catástrofe económica es mejor sobrerreaccionar y adoptar las medidas más duras, lo que exige una determinación que la confrontación entre partidos ha venido obstaculizando.

Por no hacerlo, disputamos el liderazgo del pelotón mundial de los torpes en la lucha contra el covid 19. Si tuviéramos, por ejemplo, la ratio de mortalidad de Francia en esta epidemia tendríamos 8.000 muertos menos. También sufriremos entre 4 y 5 puntos adicionales de caída de PIB por no haber hecho bien los deberes. Francia es una buena referencia porque está en una posición intermedia. No es de los que mejor lo hicieron y ahora París se ve obligado a cerrar bares y cafeterías, con menos de la mitad de contagios que Madrid donde siguen abiertos.

El Gobierno del Estado era el responsable de aislar Madrid y no lo hizo, pero el regional no quería ni oír hablar de ello. Aún ahora se resiste, protesta, manipula datos y recurre a los tribunales de la mano del PP y Vox, mientras Ciudadanos se desmarca. Cuando hay tanto riesgo de vidas humanas no se puede andar con juegos de cifras para justificar dilaciones, se debe apostar por las medidas que aseguren el control de contagios en el menor plazo.

Nos vemos obligados a recurrir, por segunda vez, a medidas duras y el empleo sufrirá más por no haber sido valientes antes, y volverá a sufrir si no lo somos hora. Lo necesario para asegurar la salud es bueno para la economía. Ésta, con años y ayudas, se irá recuperando, las vidas perdidas y los años de estudio de niños y niñas no.      

Es la tercera ocasión en que escribo sobre la consideración de los riesgos en la toma de decisiones. El siguiente párrafo corresponde a la entrada del 21 de marzo:

“Los muertos no tienen precio y en España va a haber miles. Porque a los políticos y a los técnicos en salud pública nadie les explica que, cuando el riesgo es inasumible, hay que actuar como si tuvieran razón los más alarmados, aunque luego pueda resultar que se han equivocado, aunque sean pocos. Ignoran lo que son las decisiones ponderadas por el riesgo y les preocupa demasiado la imagen y cubrirse las espaldas. Los responsables de lo que pasa son los que han tomado las decisiones, no es excusa que se trate de una epidemia mundial o de que seguían el criterio de expertos”.

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