Llegamos a fin de año y, en medio de crecientes dificultades como vemos en España, los políticos se esfuerzan en cuadrar y aprobar los presupuestos para el siguiente. Esas dificultades vienen de dos bandas. La primera, los gastos, que empujan déficits y deuda pública. Muchos países, incluso los poderosos EEUU, tienen que pagar más intereses para que los mercados les financien. Aumentan las poblaciones desprotegidas a las que cuesta llegar a fin de mes y crece el coste en pensiones y sanidad por la mayor esperanza de vida, mientras se refuerza el gasto en defensa. A todo ello, se suma la necesidad de impulsar, mediante inversión pública, el crecimiento económico, afectado por las guerras comerciales que se expanden desde Washington.
En el lado de los ingresos, los Estados se enfrentan a la dificultad de subir impuestos para compensar el gasto y equilibrar las cuentas públicas. La presión impositiva recae sobre todo en las clases medias, que están exhaustas. Es la causa principal de que tengamos un mundo más desequilibrado propenso a enfrentamientos que muchos buscan frenar con soluciones autoritarias. Quieren imponer orden con mano duda, aunque sea a costa de la democracia, apelando a viejos valores, contrarios a los derechos de la mujer, de los colectivos LGTBI y de los inmigrantes, proceso radicalizado por la manipulación de la información en redes sociales, cada día más afinada y sesgada en la dirección que interesa a los poderosos de turno. A los obstáculos para cuadrar números se une la falta de consenso para aprobar presupuestos.
Tenemos más acumulaciones de poder y mayores enfrentamientos, pero la raíz de los problemas de las sociedades actuales está en la evolución de los Estados, su incapacidad para adaptarse a un mundo más abierto e interconectado y la presión que trasmite su afán recaudatorio. Proceso que refuerza la tendencia a convertirlos en instrumentos para incrementar la influencia de los que los manejan (castas de políticos y funcionarios), que tienden a rendirse a los que controlan el dinero y la información.
Para mejorar la situación, deberíamos reformar las estructuras de gobierno y mejorar los sistemas que las financian, tema central en mi ensayo sobre la libertad. La entrada del pasado 30/10 analizaba un caso extremo, dentro de las democracias avanzadas, y empezaba con esta frase “El Estado devora Francia…”. Pero no piensen que escribo contra los servicios sociales, que me parecen imprescindibles, lo hago contra la incapacidad de tomar medidas serias que permitan, en una economía avanzada, la persistencia de amplias clases medias, baluartes de las libertades y la igualdad de oportunidades.
Hoy sólo quiero llamar la atención sobre esa base social de los enfrentamientos políticos: el decreciente peso de las clases medias, atrapadas entre unos pocos muy ricos y los muchos necesitados, que no cesan de aumentar. Como he expuesto en otras ocasiones, hay formas de reducir gasto público sin tocar los servicios básicos: reformar la organización del Estado -en España sobran las provincias, ¾ partes de los ayuntamientos y demasiados organismos superfluos-, y reducir mucho las estructuras burocráticas con mejores sistemas de comunicación e informáticos, potenciados por la IA. En el lado de los ingresos es vital que paguen más los que más tienen, puede recurrirse a un impuesto sobre grandes patrimonios, Gabriel Zucman propone un 2% anual.
Algo que ayudaría decisivamente a menos gastos y más ingresos públicos sería iniciar la eliminación del dinero efectivo. Ya he resaltado aquí que los medios de pago electrónicos son más fiables, incluso ante caídas de redes si se diseñan bien, lo que no es difícil. Su creciente empleo en nuestro país aflora economía sumergida y es causa de que se superen objetivos de crecimiento, creación de empleo y recaudación. Los evasores fiscales, partidos y políticos corruptos (1) y sus poderosos corruptores, influyentes bancos centrales, lobbies de aseguradoras y empresas de seguridad, redes de tráfico de drogas armas y personas…, luchan por frenar una fantástica oportunidad que abren las nuevas tecnologías y que traerá una sociedad más eficaz, justa y segura.
(1) Vemos continuamente la relación entre efectivo y corrupción. El 25 de octubre se lo recordábamos al presidente del gobierno (Los billetes siempre despiertan sospechas, Sr. Sánchez). La Audiencia Nacional acaba de pedirle a su partido que detalle los ingresos y pagos en metálico entre 2017 y 2024. Por su lado, el expresidente de la diputación de Almería, recientemente detenido por corrupción, llamaba mucho la atención por pagar todo en efectivo, practicaba el pitufeo para blanquear lo que, al parecer, cobraba en B.
