Por primera vez, una mujer, Sanae Takaichi, ha sido elegida primera ministra de Japón por un parlamento en que sólo hay un 16% de diputadas. En un país donde las mujeres tienen un papel demasiado secundario, ella será la única en el gobierno. Una política nacionalista y muy conservadora tendrá que enfrentarse con las tensiones internacionales que provoca Trump y con la baja natalidad y el rechazo a los inmigrantes, que a ella no le parece mal. Japón tiene el mayor nivel de deuda pública de los países desarrollados, equivalente al 134,2 % del PIB y el más bajo peso del gasto público 36,7% sobre la misma referencia (la última entrada recogía que Francia anda en el 57,1%), lo cual limita el camino favorito de su línea política, recortar gasto. Quizá tenga que subir impuestos para controlar el déficit y la deuda.
Las mujeres de línea conservadora tienden a ser pragmáticas y eso puede ayudar a Takaichi a adaptarse al rompecabezas que tiene delante. Un ejemplo es la italiana Georgia Meloni, capaz de aparcar algunas ideas radicales que trajo a la jefatura de gobierno, cuando ponía en cuestión la pertenencia al euro. Otra importante líder conservadora, Angela Merkel, es echada de menos en Alemania donde fue canciller 16 años (2005-2016). De allí procede la actual presidenta de la Comisión europea, Úrsula Von der Mayer, también democratacristiana. La principal referencia para Takaichi es Margaret Thatcher, primera mujer en ser primera ministra británica y la persona que más duró en ese cargo durante el siglo XX (1979-90). Una “dama de hierro” euroescéptica que lideró con firmeza su gobierno, la política monetaria, la reconversión del sector industrial y el control del gasto público. Otro precedente muy notable fue Indira Gandhi en la India, el Estado ahora más poblado del mundo que presidió durante 15 años. También me gusta destacar el papel de Maia Sandu, presidenta de un pequeño país, Moldavia (2,6 millones de habitantes), vecino de Ucrania y amenazado por la garra de Putin, su partido volvió a vencer en las legislativas celebradas hace un mes, a pesar de las amenazas y bulos de Moscú, en apoyo de una oposición pro rusa.
A las del centro-izquierda (“liberales” en los países sajones) les cuesta llegar al cargo más importante, aunque son numerosas en ministerios y parlamentos, estos días Irlanda ha elegido una Presidenta (Catherine Connolly), cargo más bien representativo. Precedentes de mujeres de línea progresista ejerciendo los más altos cargos hay en Iberoamérica, la chilena Michelle Bachelet presidió Chile durante dos mandatos en este siglo y la actual Presidenta de Méjico, Claudia Scheinbaum, está lidiando con discreción un país complejo vecino del más poderoso, presidido ahora por un “mono con pistola”, y Cristina Kirchner mandó muchos años en Argentina, como presidenta y vicepresidenta, aunque sea difícil calificarla como progresista, más bien aprovecha la herencia de otra importante dama, Eva Perón, de línea fascista y admirada en la España de Franco. Aquí aún no hemos tenido una Presidenta de Gobierno y no parece que nuestra derecha más dura, con mucho machote, les facilite la plataforma de que han dispuesto en Japón, Reino Unido, Alemania y Francia, donde la línea ultra, liderada por Marine Le Pen, es la principal oposición al gobierno.
La mayoría de las mujeres, especialmente las más jóvenes, parecen conscientes de que la defensa de la democracia y de políticas de inserción social son fundamentales para la sociedad y para ellas. He hecho referencia expresa, en el blog y en el ensayo en que se basa, a que la libertad de las mujeres y, en concreto, la legislación sobre aborto son los mejores índices del nivel de democracia de un país. Por eso las mujeres jóvenes se sitúan mayoritariamente en línea progresista, que les asegura igualdad de derechos y oportunidades El gráfico de The Economist de hace un par de años, que reproduzco, muestra el posicionamiento ideológico medio de los jóvenes entre 18 y 29 años de países desarrollados, el sesgo de género es muy claro. En él, el cero representa la izquierda más radical y el diez la ultraderecha
