En Galicia, como en otras zonas, se registra envejecimiento de la población y falta de relevo generacional. Además, tenemos grandes espacios interiores que están quedándose sin habitantes. Pero este no es un problema demográfico aunque lo parezca. La demografía es sólo un síntoma del problema real, que es el insuficiente dinamismo económico.

El gobierno gallego no es capaz de promover un desarrollo que permita aumentar la oferta de trabajo, no gestiona bien los activos que tenemos y gasta demasiado en cosas innecesarias. En este último apartado se sitúa mucho de lo que prevé la ley que comento, que ofrece ayudas por tener hijos sin tener en cuenta el nivel económico de la familia. Hay que apoyar al que lo necesita, no tiene sentido hacerlo con carácter general cuando hay otras necesidades sin cubrir.

No existe déficit de trabajadores. Tenemos una elevadísima tasa de desempleo, siguen emigrando jóvenes muy bien preparados y llegan inmigrantes en cuando hace falta cubrir empleos no atendidos por la oferta laboral interior.

La crisis demográfica deriva de falta de oportunidades, no de la falta de niños. No mejoramos lo suficiente, aunque la economía gallega evoluciona algo mejor que la media de España desde que la entrada en la UE borró la frontera con Portugal y el país empezó a sentirse norte. Aun así, se siguen invirtiendo miles de millones, por ejemplo, en la conexión ferroviaria con Zamora (80.000 habitantes en su “área funcional”), que está a 350 km de Vigo, la principal ciudad gallega (tiene a Madrid unos cientos de kilómetros más allá que es donde se toman estas grandes decisiones). Al parecer, para lo que no hay fondos es para mejorar el ferrocarril con Oporto (área metropolitana 1.800.000), a 150 Km de Vigo, que proporcionaría un gran impulso al crecimiento de Galicia.

La “crisis demográfica” es el mantra que justifica políticas de promoción de la natalidad que supongo que el PP extenderá a otras comunidades donde gobierna. Empezar por Santiago es normal, el despacho del Presidente de la Xunta, tiene enfrente una gran catedral y eso siempre influye en la derecha española. Usan los datos de población para justificar lo que siempre quieren: que las mujeres se centren en la procreación.

La ley contiene disposiciones positivas al promover políticas que facilitan la conciliación laboral y la atención a los niños y refuerzan la libertad para tenerlos. Pero el objetivo último es que las mujeres dediquen más tiempo a traer infantes al mundo, lo que, por muy buenas medidas de apoyo que existan, supone un paréntesis que complica el desarrollo profesional en momentos de la vida muy importantes para promocionarse.

Las mujeres van teniendo igualdad de oportunidades y más libertad para programar sus vidas, eso es bueno para ellas y para el conjunto de la sociedad. Esa es la razón principal de la caída de la natalidad que a la Iglesia le cuesta admitir. Las políticas de fomento de natalidad tienen un componente de sometimiento de las féminas propio de las grandes religiones.

La ley de impulso demográfico de la Xunta es de línea nacional-católica. La calificación religiosa ya la he comentado. Lo de nacional radica en que queremos poblar la sociedad con niños de origen autóctono y eso siempre tiene un tufo xenófobo. Insisto: en Galicia, como en España en general, no tenemos un problema de natalidad sino de mala gestión de la economía. En el mundo hay niños de sobra, hay tanta población que estamos poniendo en grave riesgo el equilibrio ecológico del planeta. No nos equivoquemos, el exceso de gente es el problema, no tiene sentido gastar en agravarlo.

Más sobre esto en el cuarto capítulo del libro (la libertad de las mujeres).

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