Funciona a tope la energía oscura que tira de la demanda de papel moneda: traficantes de drogas, armas y personas, corrupción, prostitución, terrorismo, mafias diversas y, por supuesto, la economía sumergida. En mi ensayo sobre el tema, actualizado en 2021, recogía que el año anterior, en plena temporada de confinamiento, el valor de los billetes emitidos por el BCE había aumentado un 11 % a pesar de desplomarse las retiradas de efectivo y dispararse los pagos con tarjeta.

El proceso no se detiene. En el 2021, las operaciones de pago con tarjeta aumentaron un 28,83% en España, tendencia que se extiende por todo el continente. Las retiradas en cajeros automáticos siguen un 30% por debajo del pico alcanzado en 2018. Todo ello a pesar de que los bancos han cerrado muchas sucursales y mandan a sus clientes a obtener papel moneda en esos robots de contar billetes. El asunto me interesa, por eso pregunto en los lugares donde pago, un taxista, un supermercado, un bar o una panadería, y todos me contestan que, desde la pandemia, el proceso de disminución de pagos en efectivo se ha acelerado enormemente. La percepción de los que cobran al contado se corresponde con los datos que conocemos.

A pesar de todo, el importe de los billetes de euro puestos en circulación ha vuelto a crecer un 7,8% en el 2021, concentrado en los de 50 o más euros. La agresiva política de emitir papel moneda del BCE y también de la Reserva Federal causa más muertos y tiene más coste que las guerras del presidente de Rusia. Todos ellos miran hacia el futuro en el espejo retrovisor y les gusta seguir disfrutando de sus juguetes.

La Maldición del Efectivo, tituló su obra sobre el tema Kenneth Rogoff, hace seis años. Esa maldición alcanza muchas veces a los propios adictos a la droga monetaria que necesitan para traficar o evadir. Le pasó hace unas semanas a un conocido curandero en Galicia, cuando le entraron en su domicilio y le robaron efectivo y joyas, que supongo compraba para invertir los billetes que cobraba. Las informaciones de prensa ofrecen dudas sobre el importe robado. Las primeras noticias indicaban que, según amigos suyos, el componedor podría tener hasta 2 millones en casa. El dato no volvió a aparecer, quizá consultó a su asesor fiscal.

Hay mucha inercia y cuesta trabajo que en España se hable del problema y encima, cuando se intenta algo, sale el BCE a defender el uso de billetes a caño libre (entrada del 16/4). Menos mal que algunos periodistas vuelven sobre un asunto que puede cambiar a mucho mejor nuestra sociedad. Es el caso del reportaje de TV3 (Programa 30 Minutos ayer domingo) en el que Ignasi Gallart me entrevistó sobre los temas de mi último libro.

La retirada planificada del efectivo alumbrará una Europa más sana, menos violenta y más justa. Evitaremos muchas muertes y situaciones de práctica esclavitud que afectan, sobre todo, a mujeres pobres, porque a los “malos” les va a ser imposible sustituirlo de forma operativa. Si se hace bien, la reducción de gastos y la mejora de recaudación permitirán una rápida recuperación de los excesos de deuda pública que han traído la pandemia y la guerra de Ucrania.

Estamos ante una oportunidad que se presenta por primera vez en la Historia. Observen lo que ya hacen Dinamarca, Noruega, Suecia o Australia que van camino de eliminar los billetes. Ejemplos que acabaremos siguiendo, a pesar de las presiones del BCE, que está viendo que su negocio peligra y ahora anda con el euro digital. En vez de seguir lo que hacen los países más avanzados, parece preferir la estrategia del Presidente populista de El Salvador, Nayib Buquele, supongo que diseñada para que su país mantuviera en el futuro con buen nivel de corrupción, aunque desaparecieran los billetes de dólar. Hace ocho meses, tuvo la feliz ocurrencia de declarar al bitcoin moneda oficial y ahora su república está al borde de la quiebra, tras despreciarse en más del 50% la conocida criptomoneda. Ese tampoco es el futuro de los medios de pago.

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4 comentarios

  1. No me pierdo… espero verte claro y brillante en el tema.
    Aunque no guste a muchos es la única solución para eliminar la economía sumergida y recaudar este 20% de impuestos que se le escapa a hacienda y a todos nosotros cada año.
    Se nos acabaría el déficit de un plumazo.

    1. Eso es lo bueno, es fácil. A pesar de que es necesaria una transición por los problemas de adaptación de gente mayor, que sirven de disculpa a muchos (evasores, delincuentes, compañías de seguros, de seguridad y transporte de fondos, bancos centrales…), pero que se han ido retrasando demasiado, precisamente por la presión de todos los interesados en que siga habiendo muchos billetes.

    1. No sólo es posible, es inevitable como demuestran los países avanzados que están en proceso de eliminar el efectivo. La duda es sólo cuando. La situación de las cuentas públicas debería ayudar a pensar en ello. Lo que ya no sé es si nosotros lo veremos

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