Ayer hablaba de una burocracia que defiende su poder y mantiene marcas territoriales en espacios donde las fronteras tienen mucho de artificial, como entre Galicia y el Norte de Portugal.

La ciencia de vanguardia que representa Ángel Carracedo, una referencia mundial en genética, ofrece un contrapunto a esas malas prácticas. La Universidade do Minho celebró ayer en Braga la ceremonia de su nombramiento como doctor honoris causa. Carracedo, que habló en gallego como es normal para nosotros en esa zona, dijo muchas cosas interesantes, alguna relativa al tema que nos ocupa: “non me gustan as fronteiras, e a que nos separa a Galicia de Portugal foi trazada precozmente nos tempos medievais, pero nunca foi totalmente impermeable”. También hubo una referencia a su especialidad al confirmar que entre esas zonas vecinas existe “unha continuidade xenética”.   En tiempos confusos, la ciencia marca el camino y la burocracia se resiste, porque, como analizo en el libro, siempre acaba teniendo un excesivo porcentaje de mediocres.

Entre la incomodidad de Lisboa, que ve que se va deshaciendo lo que ellos llaman, en su esquema de afirmación nacional, “la frontera más antigua de Europa”, y la indiferencia de Madrid, la sociedad civil –los vecinos, los turistas, las empresas, los científicos, las asociaciones- trabaja para que la frontera más antigua se convierta en la primera que desaparece en la práctica.

Es un mensaje para la Europa de las fronteras: la decana amenaza con dimitir porque se siente innecesaria en los tiempos que corren.

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