Sigo observando la relación entre Estados y ciudades y sus consecuencias para la vida de los ciudadanos. Para los gallegos es muy importante tener una buena comunicación con Portugal. Casi nadie se fija en ello, incluso los buenos analistas tienden a tener las fronteras dentro de sus cabezas, pero Galicia empezó a crecer y fue abandonando el pelotón de las comunidades más retrasadas de España en cuanto entramos en la UE y se eliminó, en la práctica comercial, su separación de Portugal. Además, fueron fondos europeos los que construyeron una autovía que comunicó la costa occidental de la península. Una muestra de la importancia de diluir fronteras, que en gran medida son artificiales en el mundo de hoy.

Transcurridos tres siglos y medio de la segunda separación de Portugal, Galicia volvía a sentirse norte y a superar sus problemas de aislamiento. Le estamos muy agradecidos a la UE. Pero el trabajo está sin terminar, hay que apostar por la conexión ferroviaria entre Vigo y Oporto, que está casi como hace 100 años. No hace falta alta velocidad, sólo electrificar el tendido e invertir en mejoras del trazado que permitan viajar a velocidades de 150 km/hora.

Una línea de ciudades, puertos y aeropuertos desde Ferrol a Setúbal, que articulan una franja costera de 10 millones de personas, necesita comunicación ferroviaria para pasajeros y mercancías, que además sería muy rentable, como ya lo es el AVE de Coruña a Vigo (no se puede decir lo mismo de la mayoría de los radiales).

Pero no interesa, nuestra capital se preocupa por apoyar las líneas que parten de ella y a Lisboa no le gusta la conexión del Norte con Galicia. La completa integración del eje atlántico situaría a Oporto en el centro y desplazaría a la capital portuguesa al sur, en términos económicos. Una competencia entre ciudades en la que el Estado portugués tiende a defender los intereses de Lisboa. Una especie de enfrentamiento tipo Madrid vs Barcelona a escala portuguesa, aunque, en este caso, desprovisto de connotaciones nacionalistas.

Una pena, sería fácil conseguir dinero de la UE para modernizar esta estructura de comunicaciones transfronteriza y ayudaría al crecimiento económico de todo el Noroeste peninsular, un espacio geográfico cada día más dinámico, que cuenta también con afinidad cultural, pero que suele tener prioridad baja para los dos Estados ibéricos.

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