Cada vez tenemos más sistemas de tratamiento de datos, que están reduciendo a mínimos la burocracia de las empresas privadas. Pero la revolución digital parece que es ajena al Estado a pesar de que invierte mucho en ella. Desde 31 de diciembre del 17 a 31 de enero del 20, hemos incrementado la plantilla de empleados públicos en 76.192 personas. Como entre esas dos fechas han pasado 761 días, es como si lo hubieran calculado: 100 diarios, incluidos sábados y festivos. Mientras tanto, el Gobierno está creando nuevos cargos (ministerios, secretarías generales, direcciones generales…) para acomodar a los principales políticos de los partidos de la coalición que lo forma.

Ayer nos advertía la Comisión Europea que, de seguir con el actúa nivel de déficit, no podremos pagar las pensiones. Parece que hacer frente a los compromisos con jubilados y necesitados es sólo un problema de generar más recaudación. Pues no, es también un desafío que obliga a recortar gasto público innecesario. Aunque hay muchísimos funcionarios que desempeñan perfectamente su tarea, conocemos la capacidad intrínseca que tienen las burocracias para perder el tiempo e inventarse trabajos innecesarios. Muchas veces da la impresión de que seguimos en el “Vuelva Usted Mañana” de Mariano José de Larra.

No se puede bajar la guardia, abundan las soluciones tecnológicas que permiten trabajar con menos personal y hay que pensar seriamente en aligerar estructura. Algunos casos ya los hemos comentado porque derivan de graves defectos de la Constitución actual y del uso que se hizo de ella: sobran algunas autonomías, todas las provincias y la mayor parte de los ayuntamientos, hay estructuras policiales duplicadas, la Unión Europea absorbe competencias y aquí siguen ocupadas (banco emisor entre otras)…

No quiero extenderme demasiado, también hay recorrido para aumentar ingresos públicos sin tocar los tipos impositivos: eviten los excesos de competencia fiscal, como parece que el Gobierno pretende, o empiecen a eliminar el uso de billetes, como hacen algunos países nórdicos.

El camino para garantizar pensiones dignas no debe pasar por incrementar la carga fiscal de las clases medias, porque las debilita y pone las bases para el crecimiento del radicalismo y el ocaso de las libertades. Tienen que ahorrar costes y recaudar mejor.

Además, para evitar la tentación de hacer excesivas ofertas de trabajo público, conviene recordar una frase de Jean Tirole, profesor de Tolouse y premio nobel de economía, que cito en mi libro: “crear empleo en la función pública, para simplificar, no crea empleo”. Es, en efecto, una simplificación; pero, como francés, conoce bien los problemas que genera una Administración demasiado grande y centralizada.

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2 comentarios

  1. Lo público tiene su razón de existir en ámbitos como enseñanza, atención a dependientes y la salud. En absoluto estoy por la labor de crear empleo nuevo en la esfera administrativa. Habría que RECONVERTIR la actual organización administrativa del Estado.

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