La inyección de fondos públicos en Plus Ultra es un mensaje demoledor en plena depresión, económica, sanitaria y psíquica. El mayor nivel de deuda pública de nuestra historia recomienda ser extremadamente prudentes al seleccionar las empresas donde se invierte dinero de todos, aunque sea aportado por la UE. Se trata de salir de la crisis con una estructura productiva más competitiva. Nuestros dirigentes lo dicen, pero no lo hacen. Las compañías aéreas constituyen el mejor ejemplo de ello. Expliqué las razones en una entrada (24/8) sobre Air Europa:

“… el sector de líneas aéreas debe reducir su dimensión. El mercado se ha encogido por la pandemia y ésta ha hecho que la mayor parte de las empresas hayan perfeccionado las reuniones a distancia por medios digitales. Ahora querrán aprovecharlas de forma recurrente, pues los viajes consumen tiempo y dinero en proporciones, muchas veces, innecesarias. Una buena noticia para la lucha contra el calentamiento global, muy afectado por la contaminación que provocan los viajes por avión. Tomando en cuenta el marco previsional, no deberían gastarse recursos públicos en mantener aerolíneas con problemas… “

Pocas semanas después, el Gobierno destinó a Air Europa 475 millones, la primera operación del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Ahora acaba de meter otros 53 en el rescate de una compañía bastante más pequeña, Plus Ultra. La empresa tiene cuatro aviones de un modelo grande de Airbus, el A 340, que hace diez años que ya no se fabrica por su baja eficiencia energética, aunque, según otras fuentes, los tres adquiridos en los últimos dos años han sido ya devueltos a los antiguos propietarios por no poder pagar lo pactado. Con estos datos y un solo enlace entre Madrid y Caracas, el considerarla estratégica, es una triste fantasía para un país que lo está pasando muy mal. Por mucho que se justifique con informes “técnicos” pagados para cubrirse las espaldas, un deporte extendido en la vida pública. También influyó en todo esto la defensa del “hub” Barajas, razón última del apoyo a Air Europa: proteger la dimensión de Iberia y la importancia del aeropuerto de la capital.

Los directivos de Plus Ultra, con sus aviones luciendo los colores de la bandera española, fueron antes los impulsores de Air Madrid, especializada en vuelos chárter, que quebró en diciembre de 2016, dejando en tierra a 64.000 pasajeros. Uno de esos dirigentes fue condenado a pena de cárcel por delito fiscal en otro negocio. Además, hay conexiones entre parte de los accionistas y el gobierno venezolano, que tiende a favorecer este proyecto, causa última de las acusaciones de favoritismo realizadas por PP y Vox. La división provocada llega al propio Gobierno, con el ministro Ábalos desmarcándose, diciendo que era cosa de la SEPI, dependiente de María Jesús Montero. El titular de Transportes quizá quiera evitar que le recuerden que recibió en Barajas (enero 2020) a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, arriesgándose a un escándalo por estar prohibida su entrada en Europa a causa de las violaciones de derechos humanos en su país.

Lo de las compañías aéreas es escandaloso, pero también pesan en exceso otras presiones locales y sindicales, como en el rescate de Duro Felguera (Asturias), un conglomerado que ya estaba mal y que tiene dudoso futuro en muchas de sus partes. Esa fue, con las dos aerolíneas, la tercera operación aprobada para disponer de recursos del fondo estratégico. Está en estudio aportarlos también a Abengoa (Andalucía) un grupo en peor estado que Duro Felguera, en concurso de acreedores desde antes de la pandemia, el mayor de nuestra historia después del de Martinsa Fadesa en 2008. Algo similar ocurre con la catalana Celsa que también busca esas ayudas.

En tiempos de gran escasez, es muy desalentador el destino táctico que se le está dando a los fondos para inversiones estratégicas. A nuestros políticos siempre les pesa demasiado el corto plazo.

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1 comentario

  1. En fin, un escándalo más, que, además de chapuza técnica, tiene unas “ramificaciones” que no deben pasar inadvertidas y tapadas por las próximas, mientras los responsables se autoproclaman como la quinta esencia de la transarencia y el buen hacer que niegan a los demás.
    No se puede pretender engañar a todos durante todo el tiempo y ya ha pasado demasiado como para tolerarlo.

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