Los Jugadores de Veto es un libro del profesor griego-americano George Tsebelis. Ayuda a entender por qué el sistema político actual, basado en las ideas de la Ilustración, tiene dificultades para evolucionar, lo veíamos en la entrada anterior con las movilizaciones contra el Acuerdo comercial con Mercosur. El gran crecimiento de los Estados los complica y crea más espacios político-burocráticos donde poder frenar cambios necesarios para adaptarlos a nuevos tiempos. La reforma del sistema fiscal autonómico, pactado por el Gobierno con Esquerra Republicana es otro ejemplo.

Defendemos la Unión Europea como marco de relación entre pueblos para superar las limitaciones del estado-nación tradicional, más tribal y, cuando se siente con fuerza, proclive a posturas neo coloniales y enfrentamientos. El modelo está muy vivo en los estados más grandes, que no sienten necesidad de compartir capacidades con otros. Ante esta situación, muchos defendemos que la UE se debe reforzar, evitando políticas que vuelvan a levantar barreras entre los miembros y desarrollando un brazo militar que la independice de la tutela de los EEUU.

La creación de un sistema de defensa común eriza los pelos de los nacionalistas-populistas, ahora en alza, cuya visión del mundo está anclada en patrias soberanas, donde los ejércitos garantizan  la soberanía. El tema merecerá análisis específicos, pero sirve para ver cómo la realidad internacional fomenta mayores cesiones de soberanía a nivel continental. No es fácil, pero hay que acometerlas si queremos reforzar nuestro marco de convivencia entre naciones y proyectarlo más allá de Europa.

Una UE más cohesionada necesita también que los países miembros se adapten a esa realidad, sobre todo los de tamaño medio y grande, que deberían promover soluciones internas de tipo federal, más eficaces y menos costosas. Lo vemos en Francia, en decadencia económica por un centralismo que la ahoga. Ver mi entrada del 25/ 10: El Estado devora Francia.

España ha sido capaz de hacer parte del cambio. La presión de las dos nacionalidades más industrializadas, Euskadi y Cataluña, forzó un Estado autonómico. No obstante, a la capital, con gran influencia en todas partes y especial seguimiento en el centro-sur, no le gusta el camino y consiguió dejar en la Constitución las provincias, modelo centralista teóricamente incompatible con las CCAA. Vemos que su referencia ideal, Francia, está en crisis. Nosotros y los franceses debemos reforzar la parte de la administración más próxima al ciudadano, con un sistema más descentralizado y con fuertes ayuntamientos comarcales, lo que obligará a cerrar miles de ellos. La administración central quedaría para la alta política, la coordinación interna y con Europa, abandonando la mayor parte de su aparato burocrático.

El difícil acuerdo logrado por el Gobierno con Esquerra para un nuevo sistema fiscal que amplíe las competencias de Cataluña sobre la recaudación va en esa línea. Permite que se adhieran todas las comunidades para descentralizar más la gestión fiscal, manteniendo mecanismos de solidaridad para las que no sean autosuficientes. Solución intermedia entre la excesiva centralización y el sistema de cupo, modelo de tipo confederal que ya disfrutan dos CCAA, y que, según mi criterio, debería extenderse a todas para hacernos más iguales y eficientes. A ello se oponen precisamente los que afirman todo el rato que todos somos iguales y que no existen singularidades entre españoles. A Madrid no le gusta perder poder y a sus allegados les avergüenza que haya un fondo de compensación para las comunidades más pobres y se noten mucho las subvenciones que vienen de los que recaudan más.  Necesitamos más Europa y menos administración central, que es la que pierde competencias. Pero las grandes capitales afectadas son buenas jugadoras de veto -aplaudidas por Trump, Putin y compañía- y frenan una integración supraestatal eficaz hacia arriba y hacia abajo.

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2 comentarios

  1. Estoy 100% de acuerdo con todo lo que explicas. Es una pena estas derechas tan conservadoras que no permite a España evolucionar más rápido. Cada cesión de competencias es un drama.
    Solo si en las comunidades van siendo más fuertes los partidos regionales se avanzará contra el Madrid DF.

    1. Ojalá fuera un DF, un simple distrito federal, y no una autonomía más que piensa como provincia-capital

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