El Banco de España constituye un gran ejemplo de la dificultad del sector público para adaptarse a los cambios y reducir costes. Deberíamos preguntarnos si realmente hace falta un banco emisor, cuando no emitimos moneda. Una pregunta que figura en el libro (pg. 40), con carácter general para todos los países del euro. La inmovilidad responde a un defecto típico de los grandes aparatos administrativos: pueden inventarse trabajo indefinidamente. La mejor prueba de ello es el plan estratégico para el período 2020-2024 que acaban de presentar. Es el primero en la larga historia del Banco de España. Por lo que se ve, antes no necesitaban filosofar sobre lo que hacían.

El resumen del documento, que presentó el Gobernador y recogió la prensa, me parece muy genérico. Dicen que intentarán mejorar, aprovechar el talento, influir, colaborar a la educación financiera del país, ser una referencia internacional, recuperar la imagen pública…Pero ni palabra de ahorrar ni de reducir estructura, ahora que el BCE le ha sustituido en la emisión de moneda y la dirección de la política monetaria, y cuando se ha reducido muchísimo el número de bancos a supervisar. Pero me temo que sigan aumentando empleados y costes, como si tal cosa, porque, entre otras cosas, hablan de reforzar “la presencia de empleados y directivos en organismos internacionales”.

El Gobierno tendría que supervisar más de cerca las entidades públicas que funcionan con dinero de todos, aunque dispongan de ingresos propios. Pero a los políticos lo de ahorrar no les mola (entrada del 15/01). Los ciudadanos, especialmente en el mundo de cultura católica, no ayudan a que esto pase.  Si el Gobierno intenta reducir gastos, cosa que sólo se le ocurre cuando no puede financiar la deuda, aparece un coro de tragedia griega clamando contra “los recortes”.

Es difícil, al menos para mí, encontrar información sobre los empleados del Banco de España. Dispongo de algunas noticias de prensa del año 2018 en el que se hablaba de un crecimiento de la plantilla de la entidad en 160 personas en ese año, hasta superar las tres mil. El coste medio por trabajador rondaría los 85.000 euros, incluida seguridad social. Según estas informaciones nos encontramos probablemente ante la organización pública que mejor retribuye a sus empleados, que también cuentan con otras ventajas, como préstamos hipotecarios a una tasa de interés anual del 0,25% en un primer tramo que llega hasta los 90.000 ó 120.000 euros en función del número de hijos. El siguiente tramo tiene un interés del 0,5%.

La entidad, que podríamos calificar como “sucursal de Alcalá del Banco Central Europeo”, es enorme. Un ejemplo perfecto del poder de “los aparatos”. Su principal función actual es la supervisión de las entidades de crédito. Con la tradición de amiguismo que tenemos, que es muy acusada en la capital y fue la raíz de los gravísimos problemas que hemos atravesado, quizá sería mejor que nos supervisaran desde Frankfurt.

El núcleo de funciones reales del Banco de España se puede realizar con muchos menos medios. Parte de lo que hace debe transferirse a otros organismos o subcontratarse y, lo que quede, ni siquiera merecerá el nombre de la entidad que en el 2001 dejó de emitir pesetas.

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