Elisabeth Warren, senadora por Massachusetts, ha dejado la carrera para la designación del candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales. Lo he sentido mucho, de todos los participantes era la que tenía el programa más serio para abordar los graves problemas institucionales de los EEUU.  

Los dos políticos que quedan en liza son más previsibles y menos peligrosos para los poderes fácticos del país. Joe Biden es un político profesional veterano (77 años), que ya ha sido vicepresidente y que probablemente está cualificado para el cargo. Pero tiene un perfil bajo y, salvo acontecimientos imprevistos, pocas posibilidades de derrotar a Trump. Menos debe tener su competidor por el puesto, otro veterano Bernie Sanders (78), un socialdemócrata de libro en un país con poca tradición de involucrar mucho al Estado en la solución de problemas sociales. Parece que cuenta con pocas opciones de ganar la nominación demócrata ante Biden, más próximo al aparato del partido.

Warren, a pesar de ser una política más centrista que Sanders, era la que tenía un programa de cambio real para el país. El núcleo de lo que allí necesitan está más en limitar los excesos de los poderosos que en peleas clásicas por hacer crecer el presupuesto e incrementar el gasto social. Las medidas propuestas por esta senadora iban bien encaminadas y encajan en la visión que defiendo en el libro.

Su programa incluía acciones para reducir el “poder del aparato”, concretamente para combatir la corrupción que hay en Washington. En conexión con esto y con “el poder del dinero” proponía medidas para evitar la influencia política de las grandes multinacionales y combatir la formación de monopolios. En esta última propuesta, hay otra conexión entre poderes porque afecta al tercer gran acumulador de influencia: “el poder de la palabra”. Warren quería evitar prácticas monopolísticas en el espacio de internet y redes sociales, concretamente propone dividir Facebook en tres empresas diferentes (Facebook, Instagram y WhatsApp) desconectadas entre sí. Aplaudí esta propuesta en una entrada (Zuc-ker-berg, 3/10/19).

No me extraña que no haya podido seguir adelante, aunque muchos quieran votarle, sobre todo entre la gente con más formación. Warren era la opción realmente peligrosa para los que mandan, los que dan dinero a los partidos y pueden manipular información. Incluido un amigo de Trump en el exterior, Vladimir Putin que cuenta con sobrada experiencia en estas lides.

Aunque también tiene sus años (70), Elisabeth llegará a las siguientes presidenciales, ya sin Trump aunque gane en noviembre, con menos edad que la que ahora tienen los que la han derrotado con el apoyo de los que manejan el país desde el asiento de atrás. Espero que entonces se pueda convertir en la primera Presidenta de los EEUU.

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