Las legislativas de mitad de mandato en los EEUU fueron una gran victoria de los demócratas, que gobernarán las dos cámaras y harán muy difícil a Donald Trump hacer lo que le dé la gana en sus dos últimos años de presidencia. El mensaje ciudadano es claro: están contra las políticas de Trump.  Kansas tendrá un senador demócrata  por primera vez desde hace casi un siglo y Tejas desde 1988, en este Estado ganaron cuatro de los cinco distritos en que hubo elecciones de diputados, a pesar de que sus límites habían sido modificados para beneficiar a los republicanos. Dos mujeres demócratas fueron elegidas gobernadoras de Tejas y Georgia, su partido no ocupaba esos cargos desde 1995 y 1998 respectivamente. Además, la de Georgia es una negra, en un Estado que fue esclavista. Las elecciones de mayoría progresista han añadido a la política estadounidense diversidad étnica, de género o religión, en este caso con un senador musulmán.

El bocazas al frente del país más poderoso ha  publicado en la red Truth (¿verdad?) Social: “Yo no estaba en la papeleta, si estuviera hubiéramos barrido”. Previamente había recomendado a los votantes que eligieran la opción republicana como si su nombre figurara en ella. Menos mal que su país tiene una organización y tradición democrática con libertad de expresión y de voto. Un voto que parece indicar que los dirigentes de línea más autoritaria sienten el viento de frente. Me temo que esa sensación tarde en llegar a los últimos países en apuntarse a la tendencia populista. Nos preocupan las próximas elecciones en Francia y Alemania, mientras la presidenta de Madrid se da prisa en condecorar al ultra que preside Chile, José Antonio Kast, por “todo lo que ha hecho”, cuando lleva sólo 6 meses en el cargo.

La victoria de los demócratas en los EEUU es una alegría para los que pensamos que un régimen de libertades es una conquista de la historia humana a la que no debemos renunciar. Una cosa es que gobiernen partidos conservadores, otra que recorten las libertades, sobre todo la de expresión, la que más les molesta.

Lo ocurrido en los EEUU tiene mucho que ver con la subida de los precios. Sobre todo de la gasolina, causada en gran parte por la decisión presidencial de meterse en un conflicto con Iran, de la mano de Israel. Sus ciudadanos no gustan de las intervenciones en conflictos exteriores, no olvidan lo que les costaron los de Irak o Afganistán.  Muchos de ellos rechazan también la corrupción, la ocupación de la Presidencia como si fuera una casa y un negocio familiar. Gastan millones en redecorar la Casa Blanca y dotarla de un gran salón de baile, todo muy dorado. Estos días, Melania, mujer del gran jefe, coordina reuniones entre Ucrania y Rusia, y su hijo y su yerno realizan gestiones diplomáticas de alto nivel. Si algo así se cuenta en una película o en una serie no nos parecería realista y pensaríamos que el guionista se había pasado. 

Al americano medio le cuesta llegar a fin de mes. Pero observa que el negocio familiar de Trump va viento en popa, gana millones especulando con información privilegiada, incluida su capacidad de alterar los mercados de valores con sus declaraciones altisonantes, que él obviamente conoce con anterioridad. También hace felices a sus amigos, las grandes fortunas que se reúnen de vez en cuando en Mar-A-Lago y frenan políticas que pueden perjudicarles  e impulsan las que les benefician. Las elecciones del día 3 son una decepción para la cuadrilla del dinero, especialmente para Elon Musk, que metió casi 500 millones de dólares en las arcas del partido republicano para la campaña, como se analizaba en la entrada del día 29 pasado.  

Pero Trump seguirá dando guerra, más guerra me temo, dos años más. Cuando se sienta acorralado porque las cámaras bloqueen sus propuestas, estará tentado a asumir poderes especiales, metiéndose en algún conflicto bélico para justificarlo.  La derrota de Trump es un  triunfo para  los que defendemos sociedades más libres, menos tribales, pero el mundo sigue siendo un sitio peligroso. Quizá más desde que el niño rico, gordo y mal criado siente que le han quitado parte de sus juguetes.

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