Una persona audaz y visionaria que lideró el despegue del coche eléctrico de alta gama, la conquista del espacio por la iniciativa privada, el desarrollo de una red de satélites de comunicaciones, ahora imprescindible, y dio mucho peso a su red social X. Sin embargo, desprecia la caridad, dar dinero sin más para ayudar a otros. Considera que es tirar recursos en actividades poco eficaces. Hasta el punto de presionar para la congelación de los sistemas de ayuda exterior de su país, decretada en enero por su amigo el Presidente Trump. Es verdad que organizaciones de ayuda a necesitados están demasiado burocratizadas. Todo es mejorable, pero no se puede negar que combaten el hambre y las enfermedades o promueven la educación infantil, especialmente de las niñas, en países con problemas de desarrollo y que, con demasiada frecuencia, sufren guerras.

Según estudios serios, lo que más ayuda a los países más atrasados es la sanidad. Por eso Bill Gates ha centrado la actividad de su Fundación en combatir la malaria (más de 400.000 mil muertes al año, 240.000 menores) en África Subsahariana y Sudeste de Asia. Lleva años dedicando miles de millones de dólares a tratar de eliminarla en una generación, ese es el objetivo, distribuyendo medicamentos, desarrollando nuevas vacunas o controlando con tecnología genética las especies de mosquitos trasmisores . También millones de personas aportan recursos a Médicos sin Fronteras o colaboran con ellos para ayudar donde hace falta, sobre todo en zonas de graves crisis sanitarias por catástrofes o enfrentamientos armados. Son dos ejemplos destacados, pero hay muchos más.

La filantropía es un camino prioritario para que los que tienen recursos ayuden a los necesitados y apoyen la investigación o cualquier otra actividad de mejora colectiva. Crear fundaciones es el encuadre institucional más frecuente para dar soporte a los mecanismos de ayuda. La sociedad civil sigue siendo imprescindible para la solidaridad humana y, en muchos casos, también para agilizar y orientar el funcionamiento de los sistemas públicos, más limitados por la burocracia.

Musk también tiene su propia fundación. Importante, la quinta en volumen de patrimonio en los EEUU. Lamentablemente, una reciente investigación de The Economist, publicación de donde procede la imagen de inicio, la encontraba miserable, opaca y centrada en las ideas obsesivas de su creador. Su sitio web tenía sólo 33 palabras, no posee personal y el patronato está constituido por 3 personas, el fundador, el director y una directiva de su family office. Según analiza el medio británico, su función más visible es obtener ventajas fiscales. Casi no realiza actividades, salvo colocar recursos en fondos de caridad para cumplir las normas de gasto mínimo anual. Estos fondos funcionan como aparcamientos en espera de que el que los aporta decida qué hacer con los recursos. No suelen dan información sobre a qué acaban dedicándolos.

La filantropía no le va al exitoso emprendedor, muy conservador en ideas sociales. Y muy activo en apoyarlas. Hasta el momento de escribir esto, llevaba entregados 445 millones de dólares a al Partido Republicano para las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Ayudar a Trump le parece lo más importante. El Presidente está preocupado por el precio de la gasolina, pero no por los muertos en Ucrania o Gaza. Intentar mejorar la vida de los que sufren, también a él le parece tirar dinero.

Aún así, a Elon Musk le ha debido escocer que lo consideren un tacaño. Y ha decidido donar, el año que viene, una acción de Space X a cada niño de los EEUU, para lo que necesitará una muy pequeña parte de las que tiene. El regalo es para todos, incluidos los niños ricos, no se les puede discriminar. También obtendrá ventajas fiscales. Estaré pendiente de cómo lo monta.    

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