Los economistas tienen problemas para entender lo que pasa. Seguimos superando previsiones de crecimiento del PIB. Para este año estaban en el 2,1%, pero, a mitad de este año, el PIB español ha aumentado un 2,7% respecto a junio del 2025, frente a la media del 1% de la zona euro y el 1,2% de toda la Unión Europea. Seguimos destacando, aunque diversos estudios resaltan que nuestra productividad sigue siendo baja y es el crecimiento del empleo el que está detrás del aumento del PIB, que por eso no se traduce en mayor renta por persona. Las familias no notan que la economía mejore.
Cada año, pronostico que creceremos más de lo previsto, porque parte del aumento del PIB es afloramiento de economía sumergida, gracias al empleo de sistemas de pago modernos. La caída del uso del efectivo, desde la pandemia, añadiría entre medio punto y un punto de crecimiento anual. Las entidades que realizan estimaciones de crecimiento se basan en datos publicados, no entran en la difícil tarea de calcular el comportamiento de la economía oscura, por eso se quedan cortos.
La reducción de la actividad económica informal – la que evade impuestos y crea trabajo precario, fomentando la inmigración ilegal- explica parte de nuestra baja productividad. El empleo que aflora por el creciente uso de móviles y tarjetas para abonar facturas es casi todo del sector servicios, ligado directa o indirectamente a la hostelería y el turismo. Sectores de escasa productividad, una de las causas históricas de nuestros bajos registros en ese campo.
También nos afecta negativamente la poca inversión que realizan nuestras pymes. Este importante problema está ligado a que grandes empresas, especialmente del sector de la construcción y la distribución, incumplen la ley de morosidad, que establece un período máximo de 60 días, y pagan muy tarde a sus proveedores, algunas corporaciones importantes a más de 200 días y nadie las sanciona. Los que trabajan para ellos tienen demasiados recursos cautivos en financiar su pasivo circulante, lo que les deben grandes clientes, y no les quedan suficientes para invertir más, crecer y mejorar su eficacia operativa. Las entidades financieras están a gusto financiando circulante de muchas pymes y tampoco tienen prisa en que mejoren los malos hábitos de pago. Los malos pagadores y sus aliados tienen mucho peso en las organizaciones empresariales y en la opinión sobre política económica, por eso hablamos poco de este problema.
España tiene grandes capacidades para generar actividad productiva de primer nivel, pero no las desarrolla por el interés de “morrosos”, aferrados a hábitos del pasado. Estamos entre los países de la UE donde peor se paga. Pero hay más razones para tener una economía poco productiva, como el exceso de normativas y registros que ahogan a las empresas. Nuestro sector público es poco eficiente y cada vez más grande, no para de aumentar la presión normativa y fiscal.
Una de las causas de que a los españoles les cueste llegar a fin de mes es la mayor carga de impuestos, reforzada por la no indexación del de la renta. La subida de precios, impulsada por la energía y los alimentos, erosiona la capacidad de gasto de la gente mientras favorece la del sector público. Debería haber alguna ley orgánica que obligara al Estado a deflactar el IRPF. Si el gobierno quiere subir los impuestos que lo ponga en el presupuesto, aumentando baremos, no camuflándolos en la inflación que parece que se nota menos y no tiene que aprobarla el parlamento.
Políticos corruptos y bien pagados, y dirigentes de bancos centrales lideran la resistencia a limitar, hasta eliminar, el papel moneda. Grandes corporaciones, que financian partidos y ponen publicidad en los medios, impiden que debatamos sobre lo mal que se paga aquí. Es difícil enfrentarse a mucho poder acumulado, pero es la razón de ser de este blog y del ensayo que lo inspira. Al menos hay que intentar echar luz sobre discretas interioridades, que nos atan al atraso.