India, el país más poblado de la Tierra con casi 1500 millones de habitantes, ha frenado su crecimiento poblacional. Su tasa de fertilidad del 2025 está en 1,9 hijos por mujer, debajo del nivel de reposición (2,1). Los estados más industrializados del país registran las tasas más bajas, a niveles europeos. Tamil Nadu, muy industrializado y situado en el sur del país, está en 1,3 y ha cerrado 1.200 escuelas el pasado año por falta de alumnos.

En 2025 India ha superado a China en número de habitantes, pero empieza a contagiarse de una dinámica similar a la de su vecino. La caída de la tasa de reposición tardará unos años en notarse y la población aún crece. China va por delante, su número de habitantes cae desde el 2022, como consecuencia de la política de planificación centralizada que promovía familias de un solo hijo. Algo parecido ocurrió en la India, que ha estado tratando de frenar la expansión demográfica, con anuncios en los colegios del tipo “es suficiente con dos o tres hijos”. Es más, durante los 70, puso en marcha una campaña de esterilización de mujeres dirigida especialmente a las castas inferiores, muchas fueron forzadas. Las tornas han cambiado, ahora a los dos países más poblados del planeta les preocupa lo contrario e incentivan la natalidad, con poco éxito.

El tema figura en el cuarto capítulo de mi ensayo, dedicado a la libertad de las mujeres. Se sabe que la mayor educación de las féminas lleva a menor natalidad, compensada en parte porque también reduce la mortalidad infantil. Mucho pelearon por lograrla. La evolución de la India anticipa una revisión de las proyecciones de población que realiza la UNESCO, que eran las que mi ensayo utilizaba. Según ellas, hace 10 años, el punto máximo de población sobre la Tierra se situaba por encima de los 10.000 millones de habitantes en la penúltima década del siglo, a partir de entonces empezaría a decaer. Ahora parece muy probable que eso ocurra a mediados del siglo y que no superemos mucho los 9.000. 

Las familias tienen cada vez menos hijos. En las zonas de mayor crecimiento de población, las chicas empezaron a ir masivamente a la escuela en los años 90, pasó en India y en muchos países africanos. Todavía hay unos pocos espacios en que esto no ocurre, lugares apartados de África o donde existe un islamismo radical, como en Afganistán. El papel del atraso y la religión en el sometimiento de las mujeres a su función reproductora es un eje principal del análisis del capítulo de mi libro antes citado, que también profundiza sobre el importante papel que ellas tienen en reforzar la democracia, gracias a la cual gozan de más libertad e igualdad de oportunidades.

El menor peso de las grandes religiones, la educación y el ascenso profesional de las mujeres reducen la población. Por otra parte, la llegada de la IA y la robotización parecen contraer la demanda de personas para trabajar. Quizá estemos ante un proceso de adaptación de la Humanidad a la nueva realidad que enfrenta la Tierra que nos acoge, en riesgo ambiental porque somos muchos y tenemos creciente capacidad de consumo. Estaré pendiente de este ejercicio de instinto colectivo ante los desafíos que abordamos, al menos hasta que Space X sea capaz de mandarnos a vivir a otros planetas.

La situación debería ayudar a que nos sintiéramos más próximos unos de otros. Lo contrario de lo que venden políticos amarrados a ideas de otros tiempos, de base xenófoba, que gastan recursos para impulsar la natalidad mientras expulsan extranjeros. Uno de los xenófobos al mando, Elon Musk, es el que quiere mandarnos a Marte, que quizá conciba como una reserva exclusiva para blancos puros.           

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