El 12 de mayo se cumplen 50 años del día en que el petrolero Urquiola tocó con una aguja rocosa a la entrada de la bahía de Coruña y, tras un intento de alejarlo, volvió a rozarla, explotó y se incendió. Esto ocurrió durante la mañana y a la noche el fuego continuaba. Entonces, coloqué mi cámara réflex sobre su trípode en las rocas más próximas y conseguí hacer la foto que encabeza la entrada. No era fácil fotografiar la silueta del casco semihundido, iluminado por el fuego que salía de sus entrañas.

Estábamos en plena “crisis del petróleo”, iniciada en 1973 por la guerra del Yom Kipur, Egipto y Siria contra Israel. La Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo, precedente de la actual OPEP, decidió restringir el suministro de crudo a Occidente para castigar el apoyo de los EEUU a los judíos. El precio se disparó y la economía mundial entró en crisis. Hoy seguimos dependientes de la materia prima que ha venido condicionando nuestra existencia desde principios del pasado siglo. Deberíamos reflexionar sobre ello, la energía es un gran acumulador de poder. La preocupación principal de mi ensayo son los poderes fuera de control que condicionan vidas y libertades. El petróleo es además un gran responsable del efecto invernadero por aumento de CO2 en la atmósfera, que impulsa el calentamiento global y provoca un cambio climático de consecuencias muy preocupantes. Esta otra imagen de Coruña desde Mera, al otro lado de la bahía, aquel 12 de mayo del 76, es una alegoría de un futuro más oscuro.

Debemos hacer más para impulsar las energías renovables. Si no, aumentarán los damnificados por catástrofes que alteran sus vidas, como ese marinero que alza el puño sobre su lancha rodeada de un mar de petróleo. Su enfado por una inesperada agresión a su medio de vida representa a muchos más, como los miles de tripulantes cautivos en sus barcos por el cierra del estrecho de Ormuz y amenazados por minas, drones y buques de guerra.

El objetivo de hoy es volver a llamar la atención sobre algo que nos preocupa a todos, compartiendo fotos que, un día aciago, tomé en mi ciudad y alrededores. Y aún nos faltaban por llegar los graves naufragios de otros dos petroleros, el del Mar Egeo (1992) sobre rocas vecinas de la Torre de Hércules y el del Prestige (2002), mucho más grave porque las autoridades, asustadas y poco reflexivas, lo alejaron a mar abierto y el derrame de crudo afectó prácticamente a toda la costa atlántica gallega.

Termino con esa foto, que tomé desde lo alto de uno de los edificios más elevados de Coruña. Unas manchas de crudo, ardiendo y echando humo, se encaminan hacia el interior del puerto, empujadas por el viento y la marea. Otro símbolo de lo que puede pasarle al planeta si dejamos que países poderosos sigan imponiendo el petróleo, sean los EEUU de los MAGA con dominante presencia electoral en Tejas, la Rusia de Putin colgada de sus exportaciones de crudo para poder mantener sus guerras expansionistas o los países de Oriente Medio, con sus líos entre ellos y con Israel.    

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