La situación del mundo es peligrosa por la actitud neo imperialista de los grandes Estados. Pero la diversidad de formas en que los humanos nos hemos ido agrupando ofrece alternativas. Hay otras maneras de hacer política internacional. Ahora preocupa la situación de Cuba, que se enfrenta al bloqueo de Trump y a décadas de mala gestión y aislamiento, en manos de un régimen comunista.

No voy a entrar en la desafortunada historia reciente de aquel país, pero sería positivo darle una oportunidad de cambiar rumbo de forma consensuada para no empeorar la situación y soslayar posibles choques internos. España podría jugar un papel para ayudar a conseguirlo, usando sus contactos. Primero la Unión Europea que tiende a favorecer la aproximación entre los Estados de Iberoamérica y la autonomía de la región, como ha ocurrido con el acuerdo preferente con Mercosur, que estos días empieza a aplicarse. También es importante aglutinar fuerzas con otros países iberoamericanos, especialmente con los gobiernos de izquierda que pueden servir de referencia al proceso de cambio de Cuba hacia un marco institucional respetuoso con las libertades. Tras la reunión de países progresistas celebrada en Barcelona, España le ha ofrecido ayuda económica en compañía de Brasil y Méjico. La mayor parte de América, al sur del Río Grande, desea frenar intromisiones de la gran potencia norteña, que la trata cómo un patio de atrás para obtener mano de obra y materias primas baratas, exportar de todo y echarles porquería.

Promover el cambio en Cuba desde criterios de respeto a la soberanía y, al mismo tiempo, acercarla a la democracia y la economía de mercado sería dar un triple salto histórico: (1) extender en una zona amiga los métodos políticos de la Unión Europea y reforzarlos como referencia internacional alternativa al imperio de la fuerza, (2) potenciar las capacidades de Iberoamérica para avanzar en la línea de la convergencia comercial e institucional y (3) abrir al pueblo cubano las puertas de una mejor situación económica y de respeto a las libertades, respetando algunas ventajas que trajo el comunismo, como sanidad y educación de calidad y gratuitas.
Parece difícil y lo es, los EEUU lo verán como una intromisión en la zona que consideran de su propiedad. La acción tiene que ser muy discreta en los contactos con el gobierno cubano para negociar un cambio con objetivos concretos, ofreciendo apoyo político y económico en tanto los vaya logrando y mejorando la situación. No cabe descartar que, una vez iniciada la negociación, se pueda hacer confluir con la que intenta los EEUU desde una posición de fuerza, para hacerla más beneficiosa y operativa.
España debe aprovechar su posición para iniciar y desarrollar un proceso complejo pero inaplazable. Los cubanos se separaron de ella en 1898 con la ayuda de los EEUU, aunque la plena independencia les llegó en 1902, cuando éstos se retiraron después de 4 años ocupando la isla. Pero no hay ánimo revanchista. Como se ha visto en el caso de Méjico, ya tenemos una visión más distante y autocrítica de lo que fue el imperio americano y conviene que los yanquis también relativicen sus afanes de tutela.
Cuba fue la última parte de América que dejamos y siempre mantuvo conexión con España. Lo digo desde una ciudad que despegó gracias al comercio entre el norte de Europa y el Caribe. Trabajé 30 años en una empresa que empezó el siglo XIX como una casa de comercio con Cuba y que lo acabó convertida en un banco por los cheques que enviaban a sus familias los emigrados allí, a través del barco que los había llevado, lo que se tradujo en depósitos, base de préstamos a otras compañías. Presido la Fundación Juana de Vega, una gran mujer que la creó con su patrimonio, procedente del que su padre forjó de joven en la capital cubana. Por último, vivo en una nacionalidad histórica cuyo himno y bandera fueron decididos en el Centro Gallego de La Habana. El edificio de ese Centro es uno de los grandes monumentos de la ciudad. Está detrás de mí en la foto inicial, donde también se puede ver, al fondo, la cúpula del parlamento, copia del de Washington para marcar huella.
España debe intentar ayudar a una tierra que siente próxima y atraviesa graves problemas, empleando su influencia política en ambas orillas del Atlántico. Sería mejor hacerlo sin enfrentarse a los EEUU y, para ello, también debe tenerse en cuenta la importante colonia cubana en Florida, que se siente algo española en sus usos y costumbres. Lo sé porque tengo allí algunos amigos cubanos y porque me lo comentaba el cónsul de España hace 30 años, cuando andaba por Miami por razones de trabajo. Los exiliados cubanos sentían ese consulado como una especie de embajada propia, al no disponer de una de su país. Contaba entonces el representante diplomático español que tenía que tener mucho cuidado con no olvidarse de invitar a actos relevantes, como la fiesta del 12 de octubre, a todos los miembros destacados de ese importante colectivo local.
Si se consiguen negociar objetivos que favorezcan la vuelta de exiliados, como el respeto a títulos de propiedad anteriores a la revolución, cubanos de Florida, con mucha influencia en el partido republicano podrían suavizar posturas extremistas de su país de acogida. El importante consulado que España tiene en Miami tendría también un papel en la discreta negociación que propongo, para hablar con ese grupo, informarles de las negociaciones y pulsar sensibilidades, sobre todo de la parte menos radical.
