El titular es, en sí mismo, una noticia. Europa lleva tiempo tomando pocas decisiones. Salvo si la obligan, como ayudar a Ucrania o decidir si nos apuntamos o no a la guerra desatada en Irán. Pero las cosas están cambiando por las crecientes tensiones de la política internacional. Los que leen este blog saben que, para mí, la UE es hoy el único sistema alternativo al de viejas patrias parapetadas en fronteras, que los grandes autócratas defienden para practicar neocolonialismo (1).

La Humanidad, mucho más grande e interconectada, debería diluir fronteras como hace la UE. Pero los más poderosos no conciben un mundo sin ellas e incluso quieren reforzarlas. Putin o Trump atacan todo lo que no les gusta o les apetece poseer. China quiere anexionar Taiwan, se dedica a la limpieza interior, ideológica y étnica, y apuesta por acaparar las “tierras raras”, fundamentales para la evolución tecnológica, presidida por la Inteligencia Artificial, que también se esfuerza en liderar.

La UE promueve relaciones entre pueblos basadas en normas aprobadas por todos o por grupos de ellos y democracias que promuevan la paz y eviten la discriminación de mujeres, extranjeros o colectivos LGTBI. Ahora trabaja en unirse más, eliminando obstáculos al mercado interior y combatiendo burocracias que dificultan el intercambio de mercancías y capitales. Para dotarse de flexibilidad, quiere también nuevos acuerdos entre sus miembros, aunque no los subscriban todos ellos. Una Europa a dos velocidades será más ágil.

El 10 de enero destacaba la importancia del acuerdo comercial con Merco Sur. Latinoamérica es la parte del planeta más vinculada a Europa. Hay huella ibérica en una zona que los prepotentes EEUU, versión MAGA, consideran patio trasero al que echar mierda y del que aprovecharse cuando les peta. La proximidad con nosotros les ha llevado a crear su mercado común, que ha pacificado las relaciones en la región y les ayuda a crecer más, cómo pasó en Europa. El acuerdo comercial UE-Merco Sur, entra en vigor el mes próximo, y va a ser beneficioso para todos. Además de ampliar mercados, incorpora reglas para compensar diferentes regulaciones y hacer más justo el comercio, especialmente de productos agrícolas. Llega a pesar de movilizaciones de campesinos y ganaderos, apoyadas por los EEUU y Rusia desde las redes sociales, o de dilaciones populistas que también ellos manipulan, como las del húngaro Orban. Después de Merco Sur, la UE cerró acuerdos, en la misma línea, con India, Australia e Indonesia. Mensaje terrible para Trump, Putin o Xi: se articula un área comercial de 2500 millones de personas sin contar con ellos.

Por último, cuando acabamos de celebrar 250 años de la obra seminal sobre el tema arancelario -La Riqueza de las Naciones del escocés Adam Smith-, Londres, donde se editó, reflexiona y confirma que el Brexit fue un error y afecta negativamente a su economía. Ante el ascenso de la ultraderecha (Reform UK) y el menosprecio de su aliado histórico del otro lado del Atlántico, el gobierno británico apuesta por una integración económica con la UE e incorporará a su legislación nacional los reglamentos europeos de calidad y sustentabilidad de los productos.

La mayor integración con el Reino Unido llegará también al ámbito militar. Necesitamos un sistema europeo de defensa si queremos más seguridad y respeto exterior, tenemos medios para hacerlo. Repito lo que decía en la entrada anterior: quizá Trump nos ayude dejando la OTAN.

(1) El último y más largo capítulo de mi ensayo se titula: “Más allá del estado nación”

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