La obra que ilustra la entrada es de Damián Huergo, la ví en el Museo de l´Art Prohibit, situado en la magnífica Casa Garriga y Nogués de Barcelona. El único museo del mundo dedicado a obras de arte prohibidas o censuradas estuvo abierto menos de dos años. Pasiones excitadas por lo que allí había acabaron provocando su cierre en julio del pasado año. Tuve la suerte de poder admirarlo el diciembre anterior, merecía mucho la pena.

La muerte cruel que sufrió Jesús hace casi 2000 años se conmemora con devoción en todo el mundo cristiano. Destaca esa España apegada a tradiciones de alto valor cultural, conectadas a su oscuro pasado y seguimiento más espeso en el centro-sur. Aún me sobrecoge ver desfilar a la legión portando, cada jueves santo en Málaga, la imagen del Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y cantando eso de “soy el novio de la muerte…”, que me enseñaron en el colegio en tiempos de dictadura. La consolidación del macabro espectáculo viene de 1943, entonces había que apelar a lo racial en una España muy empobrecida por la guerra civil, que empezaba a adivinar que los nazis perderían la Segunda Guerra Mundial y se iba a quedar muy sola en Europa. Pero aún resulta muy atractivo para gente próxima a lo que representó el franquismo, cómo Isabel Díaz Ayuso, que no se lo pierde.

Religión y guerra tienden a estar conectadas, la mayoría de los enfrentamientos militares se deben a deseos de expansión de patrias que reivindican más espacio. Aquí pesan los casi ocho siglos que duró la Reconquista. Para lanzarse a una guerra conviene tener un apoyo mayoritario del pueblo, reforzar las pasiones que lo cohesionan, como la religión nacional. Lo sabe bien Netanyahu, Israel es el gran beneficiario del ataque a Irán. Debilita a un enemigo musulmán y le permite expandirse por el Líbano, continuando depuraciones étnicas, como en Cisjordania y Gaza. Ahora, además, aplicará a los palestinos la pena de muerte de forma legal, lo acaba de aprobar su Parlamento. Para lograr sus objetivos ha metido en un lío al descerebrado Presidente de los EEUU, que, poco antes, había sido ungido y bendecido por sectas radicales protestantes en una ceremonia celebrada en la Casa Blanca.

Pero la pasión ciega, y olvidan, como antes en Irak o Afganistán, que hacer el bestia se les da muy bien a los musulmanes. Los problemas para frenar la escalada vuelven a amontonárseles. El cierre del estrecho de Ormuz provoca la subida de precios de los carburantes, la inflación y los tipos de interés. Está cayendo la popularidad de Trump, que había prometido en la campaña para las presidenciales que no metería a su país en una guerra. Lo que da más ganas de hablar a un hombre con afición al show business. No para de prometer cosas que un día hacen subir las bolsas y otros las tumban. Esa capacidad de mover mercados debe haber desatado otra vieja pasión: forrarse con información privilegiada. Es un pecaminoso placer, difícil de resistir, darse cuenta de que eres capaz de mover tendencias especulativas.

En los líos bélicos de hoy los países católicos y los protestantes de siempre se muestran distantes, provocando la ira de nuevas sectas convencidas de su superioridad ideológica y racial. Para intentar presionarnos, Trump nos amenaza con abandonar la OTAN. Espero que lo cumpla, nos hará un favor. Siempre he apoyado la creación de un ejército europeo, de perfil defensivo, para consolidar lo que la UE representa, cómo ejemplo de convivencia entre naciones basado en las libertades y el respeto a las normas. Pero le damos demasiadas vueltas a todo y nos viene bien un desafío desde Washington para espabilarnos.

Estos días también ha vuelto la pasión por la luna con el lanzamiento de una nave tripulada, la Artemis II, por los EEUU. Pasión competitiva. Las primeras llegadas de los hombres a nuestro satélite, de la mano de la NASA, fueron impulsadas por el deseo de demostrar a la URSS quien lideraba la tecnología para viajar por el espacio. Más de medio siglo después, el competidor a mantener a distancia es China, la gran potencia emergente. El ambicioso objetivo de ambos es llegar a establecer, en la próxima década, una base permanente en el sur lunar.  

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