“Necesitamos una nueva Ilustración, un pensamiento progresista suficientemente extendido para adaptar lo que tenemos a las nuevas circunstancias. Pero eso obliga a cambiar, a modificar cosas. Si los ilustrados no somos capaces de impulsar una evolución eficaz, los iluminados seguirán aumentando su popularidad porque ellos desprecian la democracia y son ejecutivos, hacen cosas, aunque se tengan que saltar las normas. Eso atrae a alguna gente, sobre todo varones cansados de competir con mujeres e inmigrantes. Nos acercamos a abismos muy peligrosos.”

Así terminaba la entrada del 10/02. Ahora vemos a los iluminados intentando cambiar una dictadura teocrática a bombazos. Si lo consiguen su prestigio aumentará, seguirán saltándose las leyes y desmontando instituciones colectivas pensadas para la convivencia internacional en las que participan o participaban, y creando clubs de poderosos para levantar casinos y resorts en Gaza, Cuba, Venezuela, Groenlandia y, quizá, Irán. También desgastan la Unión Europea, apoyando populismos de un pasado nacionalista y dividiéndonos con sus bravuconadas agresivas. Odian nuestra solución de convivencia supranacional, ya que podría llegar a definir un futuro basado en la democracia, las normas, la cooperación y la protección de las personas y sus derechos. No es lo que desean los prepotentes.

El pensamiento que impulsó una unión de Estados en nuestro continente echa raíces en la Ilustración de dos siglos antes. Es un buen momento para revisar esas ideas y su aplicación hoy. El día 9 se cumplen 250 años de la aparición en Londres de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith. Él confiaba mucho en la sociedad civil, en que el esfuerzo de cada uno ayudaba a la riqueza del conjunto y desconfiaba de los que se apoyaban en las administraciones públicas para realizar actos de mejora, salvo en el caso de servicios básicos imprescindibles, como educación y sanidad, que no podrían generalizarse en manos privadas, ya que los costes los harían inalcanzables para muchos.

Cuando el mundo se vuelve a concentrar en unas pocas potencias y sus aliados, que disparan y matan sin atenerse a las leyes que regulan las relaciones humanas, es conveniente volver a reflexionar sobre las propuestas del Sr. Smith y verlas reflejadas en un caso concreto, que muestra el éxito de llevarlas a la práctica. Por eso, en los próximos días, relevantes profesores de España y Portugal se reunirán en Santiago (hoy día 5 por la tarde y mañana por la mañana) para analizar las ideas  del primer gran economista. La última jornada será el lunes 9, el día exacto que se cumple el aniversario referido antes. Se centrará en el caso de Galicia y el norte de Portugal. Desde que se eliminaron los aranceles entre ambas, crecen más que la media de sus respectivos países. Son el mejor ejemplo de integración económica transfronteriza en Europa, como recordó, más de una vez, Marcelo Rebelo de Sousa, el popular presidente de Portugal que deja su cargo ese mismo día. El mejor ejemplo de las ventajas de eliminar el arancel, elegido palabra del año 25 por la Real Academia Española

Más abajo, reproduzco el programa de las jornadas, que son a puerta abierta y únicas en la península en fechas tan señaladas. En esta esquina atlántica, todos podremos asistir a una reflexión de alcance europeo y más allá, que nos ayudará entender mejor cómo somos.    

 

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1 comentario

  1. No resulta fácil saber lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa. Lo dejó escrito Ortega y Gasset: «Cada uno tiene su punto de vista particular de la realidad» … Desde el mío, aún compartiendo en parte lo que relatas, sigo percibiendo un cierto maniqueísmo en otra. Una simplificación ilustrados versus iluminados que ignora en buena medida la realidad en la que vivimos. Los supuestos ilustrados no parecen dar con la solución a problemas tan graves como los que se dan, por referirme a algunos de los que tu mismo citas (Venezuela, Cuba, Irán) también México, entre otros muchos, varios no menos importantes, sin que los principios básicos de la democracia, los derechos humanos, etc, dejen de ser conculcados, ni se observe respeto alguno a la vía del diálogo ni al resultado de las elecciones cuando estas se dan.
    La «obligación de cambiar, de modificar cosas» a que también te refieres es evidente. Claro que si, pero no puede quedarse en algo abstracto y hay que pasar de las musas al teatro. El tiempo para ello no es ilimitado y en ocasiones (no así en otras) por más indeseable que sea, transitar a la acción en evitación de males mayores puede llegar a ser un ejercicio de responsabilidad. El «No a la guerra» no deja de ser un eslogan demagógico. ¿Alguien puede estar en contra de tal obviedad?. ¿Se puede estar a favor de la prostitución, del proxenetismo, del esclavismo?. Por más que todo ello y otras muchas cosas sean absolutamente repudiables, han formado parte, la forman y la formarán, de la vida misma, de la historia de la humanidad, pese a los muchos ilustrados que en el mundo han sido.

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