Aplicar los avances tecnológicos
En la entrada anterior destacaba la necesidad de acometer la tarea a que hace referencia el título. Si no lo hacemos, la presión impositiva seguirá desgatando las clases medias, separando el bloque de los privilegiados del de los desheredados y radicalizando la política. Además, un tinglado político y burocrático enorme provoca inmovilidad, dificulta abordar cambios profundos a los que abocan las nuevas condiciones en que nuestra especie ocupa el planeta. Todo ello favorece la llegada de iluminados que buscan soluciones volviendo hacia atrás y creando más problemas que los que resuelven.
Recomendaba en esa entrada que, para evitar ese ecosistema de tendencia retrógrada, hay que armarse de valor y abordar la reorganización de los Estados, reduciendo los escalones administrativos y haciéndolos más eficientes. Hoy entro en un segundo flanco para atacar excesos de burocracia y rigidez, el de aplicar las nuevas tecnologías para reducir costes y mejorar servicios. Como hace el sector privado, presionado por las leyes de competencia, más duras y rápidas que las de organización de aparatos administrativos públicos.
Una primera línea es la Inteligencia Artificial para asumir muchas tareas administrativas, de supervisión y de control. Ya afloran la firma digital y el creciente desplazamiento de los trámites de los ciudadanos a plataformas automatizadas accesibles desde su domicilio. Resulta recomendable que el proceso venga acompañado de objetivos claros de reducción de costes, que se puedan supervisar desde fuera de las administraciones.
Para tareas de registro y conservación de documentos de valor jurídico, como, por ejemplo, los relativos a la propiedad inmobiliaria o a las herencias, se puede combinar el tratamiento digital con la preservación de contenidos inmodificables mediante empleo de tecnologías blockchain, similares a las que están en la base de las criptomonedas. Aseguran que los documentos protegidos por ellas están blindados contra cambios realizados al margen de procesos legales.
No obstante, el sistema más fácil y rápido para una considerable reducción del gasto público está en los sistemas de pago modernos, que ya tienden a sustituir al efectivo, con el objetivo de llegar a eliminarlo. Ya hay algún país que está en ello. El tema lo trato en el libro cuya portada reproduzco más abajo. La desaparición del efectivo conducirá a un radical declive de las principales ramas de la delincuencia organizada: terrorismo, robos, extorsión, estafa y tráfico de personas, armas o drogas. También se limitará muchísimo la corrupción política, incluida la financiación ilegal de partidos.
En estos temas, abundan las diversas variantes de jugadores de veto: sindicatos que no quieren que se reduzca el empleo público, partidos y políticos aficionados a que les ingresen en B. También bancos centrales, que viven muy bien emitiendo moneda y posponen cualquier medida que ataque el uso del efectivo, como la libertad de las empresas para aceptarlo o no de acuerdo con sus políticas. Billetes y monedas son, con mucha diferencia, los medios de pago más costosos de manejar.
Mi ensayo resalta que, una vez terminado el proceso de eliminación de los billetes, podrían reducirse en un 50% los aparatos policiales y los judiciales tendrán capacidad sobrada para atender todos los temas que relegan por falta de tiempo. También sobraría mucha inspección de impuestos y de trabajo, a la vez que se reducen, hasta la práctica extinción, tinglados para eludir obligaciones fiscales o laborales. Sin efectivo, la inmigración ilegal se reduciría a mínimos y podría someterse a normas que eviten los riesgos que asumen decenas de miles de personas cada año.
Mucho menos gasto y más recaudación permitirán reducir los impuestos sustancialmente y, a pesar de ello, dedicar muchos más fondos a reforzar servicios públicos esenciales como sanidad, educación y ayuda a necesitados. Manteniendo centros de atención personalizados para trámites complejos.
El nuevo entorno de trabajo administrativo y de pagos es sencillo de acometer, si apartamos a las sectas de jugadores al veto. Si no lo abordamos con decisión, las llamadas de iluminados neofascistas provenientes de otros tiempos nos devolverán a ellos.
