Al principio, las movilizaciones de agricultores y ganaderos contra del Acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur estaban dirigidas preferentemente por organizaciones de línea conservadora, pero su persistencia ha ido añadiendo a casi todas las demás. Por ahora, han fracasado en su intento y el Acuerdo se ratificó el día 17 en Paraguay. Regalo envenenado para Trump en zona que considera exclusiva y en el aniversario de su segunda toma de posesión como presidente. Las organizaciones agrarias seguirán con movilizaciones, el tratado aún tiene que ser aprobado por el Parlamento de Estrasburgo, que ha intentado retrasarlo enviándolo al Tribunal de Justicia para filtrar sus condiciones. La Comisión intentará ponerlo en vigor de forma provisional.

El campo tiende a ser resistente a cambios y es fácil movilizar a sus productores ante un tratado que refuerza el acceso al mercado europeo de países con importante capacidad exportadora, no sometida a los mismos controles de calidad. Aunque el Acuerdo ya contempla medidas para forzar a que lo que se envíe cumpla los requisitos que se exigen aquí.

Parece una pelea circunscrita a un ámbito concreto, pero es de las que gustan a las grandes naciones que quieren dominar el mundo y que cuentan con el apoyo de los oligopolios de IA y redes. Putin, Trump y Xi odian la Unión Europea porque representa una forma alternativa a la de ellos para organizar a los pueblos, más libre y respetuosa con las reglas del derecho internacional. Y que, además, puede generar competidores económicos tanto o más importantes que sus propios países. De hecho, la suma de la UE y Mercosur, con la eliminación de más del 90% de los aranceles entre ellos, crea el mayor mercado de mundo, supera los 720 millones de compradores potenciales. Mal que les pese a los que presumen de ser superiores.

La raíz de los problemas que estamos viendo (Ucrania, Venezuela, Groenlandia, Taiwan, Gaza…) es que los neocolonialistas tienen muchos medios y consiguen debilitar, desde dentro, a los que no les gustan. Líderes europeos de perfil neo fascista, como el húngaro Víctor Orban o nuestro Santiago Abascal, son, de hecho, agentes extranjeros infiltrados, aunque presuman de muy nacionalistas. Les gusta poco la democracia y desconfían de la UE, que reduce competencias de sus patrias. Su influencia va creciendo con la ayuda encubierta de los súper grandes. Las movilizaciones agrarias intentan frenar un Acuerdo que los poderosos detestan, son éstos los que aprovechan el temor de parte del sector primario a más competencia, para ir infiltrando, a través de organizaciones afines y redes sociales, mentiras y medias verdades que los radicalizan. La mayoría de los que bloquean calles y carreteras con sus tractores actúan de buena fe, no son conscientes de estar siendo manipulados.

Washington, Moscú o Pekín, con la ayuda de Musk, Netanyahu, Erdogan…  mandan mucho y son causa principal del enfrentamiento político que sufrimos y de la creciente dificultad para hacer avanzar la Unión Europea. Lo que ocurre es consecuencia de las acumulaciones incontroladas de poder que mi ensayo analiza. Seguiré denunciando los conflictos que tenemos delante desde esa misma perspectiva, para intentar ayudar a que no nos despisten demasiado los acostumbrados a hacer lo que les viene en gana, y seguir construyendo un mundo alternativo al suyo, menos dado a elevar fronteras y gasto militar.  Por eso celebro el Acuerdo con Mercosur, un importante paso en la buena dirección, que, después de 25 años de negociación, Trump ayudó a desbloquear, como reacción a sus alardes de mando sobre el hemisferio occidental. Que se fastidie.

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