Comparte el nombre de pila con el pato más famoso, el de Disney. Ahora es un pato cojo, allí llaman lame duck a un presidente que ya no puede ser reelegido, por lo que no le importa mucho lo que piense el electorado. Tiene más libertad para hacer lo que le dé la gana. Trump desea reescribir la historia y ocupar una posición destacada entre los grandes hombres de su país, proporcional a la que tiene su rascacielos sobre el resto de Manhattan, o mayor aún. Quiere dominar su continente, explotarlo, aumentar territorio, fijar nuevas reglas internacionales para imponer el deseo de los más fuertes. Le gustaría amenazar con invadir Noruega si no le dan el Premio Nobel de la Paz, aunque no creo que se atreva.

Lo de Trump oso –tramposo- lo estamos viendo, se pasa por el arco del triunfo las normas. Hace lo que quiere, el único límite es la gran dosis de poder arbitrario que le otorga la mayor fuerza militar y la más destacada economía del planeta. Le apoyan además sus ricos colegas con posiciones dominantes en las redes sociales y la inteligencia artificial, capaces de manipular a la gente para debilitar lo que pueda representar un obstáculo a sus deseos. Lo notamos en las elecciones en Europa, incluso en las autonómicas españolas, siempre apoyando, tras bambalinas, a los que quieren más patria y menos Unión Europea (entrada anterior), porque, cuando trabajamos juntos, somos capaces de plantarle cara. Conocen nuestros puntos débiles, ahora alientan las protestas de los agricultores para intentar que no se apruebe el tratado comercial con Mercosur, que les disgusta porque empodera espacios que considerna suyos.

Desde que era un niño rico, gordo y mal criado, es un oso de circo y un pato Donald de viñeta gráfica y película corta. Le encanta el protagonismo permanente, refuerza los medios que le son fieles y ataca a los que le critican. Aún le quedan tres años de show que van a dar muchos sobresaltos, pero podrían servir para que los europeos nos demos cuenta del valor que tienen nuestras instituciones comunes y perfeccionemos soluciones ilustradas -equilibrio de poderes, democracia, derechos humanos, comercio libre, respeto a la ciencia…- para hacer frente a los iluminados, que quieren volver a tiempos anteriores a la Ilustración -supremacismo colonial, patria, raza, religión, negacionismo frente a las aportaciones científicas…-, un camino que conduce a más gasto militar y mucho riesgo para todos.        

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