Es legal recibir billetes, el Presidente nos lo ha recordado al reconocer que había cobrado en efectivo algunas dietas de gastos del partido. No sólo es legal, hasta es obligatorio para el perceptor, gracias a la interpretación del decimonónico art. 1170 del código civil que impone el Banco de España para seguir disfrutando de los beneficios de emitirlos. Es legal, pero despierta sospechas, qué le vamos a hacer. Es el medio de pago de los evasores fiscales o los que cobran recompensas por favores ilegales, que, a veces, luego las gastan en prostitución, como su compañero, el sr. Ábalos. El efectivo, legal por supuesto, ayuda a crear empleo en régimen de esclavitud para muchas mujeres sometidas a mafias que trafican con personas, también con inmigrantes ilegales que tanto preocupan.

Los billetes contaminan en todos los sentidos. Por miedo al contagio, cuando la epidemia, la gente normal aceleró la tendencia a olvidarlos. El proceso de digitalizar los pagos en España sólo trae buenas noticias: Hacienda recauda más y batimos las previsiones de crecimiento. Lo expliqué y pronostiqué aquí, la última el 25 de setiembre. El crecimiento del que presume el Gobierno es, en parte, afloramiento, algo que antes no se veía y ahora sí. Gracias al pago con tarjeta, la economía oscura se reduce y lideramos el aumento de PIB de la OCDE, se legalizan puestos de trabajo y retribuciones, y tenemos un déficit público controlado.

Lo explico en el ensayo cuya portada vuelvo a reproducir al final. España, que no tuvo un uso extendido del cheque, recibió las tarjetas con entusiasmo hace medio siglo. Ahora todo el mundo las emplea, vamos por delante de los países de nuestro entorno. Además de aflorar economía ilegal, los sistemas digitales tienen costes muy inferiores los de tecnologías antiguas, lo que también impulsa nuestro crecimiento.

Cuando ocurra, la desaparición del efectivo reducirá radicalmente la criminalidad. Viviremos en un mundo más productivo trabajando menos horas, no habrá problemas para pagar pensiones, estaremos más seguros con menos policías, y los juzgados dejarán de tener retrasos enormes. Los problemas relativos a la confidencialidad y a posibles caídas del suministro eléctrico o de los sistemas informáticos de soporte tienen fáciles soluciones, como he explicado en el libro y en otras entradas. Hay que tomar el camino que ya recorren los países nórdicos.

Si no avanzamos es porque se resisten tanto la burocracia, sobre todo el BCE que busca una criptomoneda que le permita seguir emitiendo y viviendo como marqueses, como los partidos políticos con financiación ilegal. Hoy tenemos a Ábalos, Cerdán y Koldo, no hace mucho sabíamos de los viajes con bolsas de billetes de Bárcenas a Suiza o de los Pujol a Andorra. El sistema público, amarrado a sus billetes, representa el pasado. El futuro son los jóvenes que pagan con sus móviles.

Si quiere tener credibilidad en este campo, Sr. Sánchez, empiece por prohibir los pagos en efectivo en su partido. Le vendrá bien, mancha mucho, lo he comprobado en mis años de experiencia profesional, en banca y fuera de ella. Siempre hay alguien que coge un poco porque tiene algún problema o algún vicio, luego lo devuelve, pero se engancha y tira para adelante. Situaciones que me han obligado a despedir gente en varias ocasiones. Nunca me gustó hacerlo, las organizaciones deben controlar mejor el empleo de efectivo. Pero es difícil por su opacidad, por eso deberíamos prohibirlo en todos los ámbitos en que sea posible. La recomendación es para todos los partidos políticos. Hay que presionarles, están atrapados en otro tempo y nos obligan a todos a seguir allí, cuando ya hay medios para salir de oscuridades que nos degradan.

El Senado, a propuesta del PP, ha prohibido el pago de dietas en efectivo, al día siguiente de publicarse esta entrada. Que cunda la moda.

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2 comentarios

  1. Si los últimos secretarios generales del Psoe y sus cómplices necesarios, unos por acción y otros por omisión, en línea ascendiente, lateral y descendiente, tanto en el partido como en el Gobierno, hacían uso y abuso en distinto grado y/o de algún modo eran conocedores (lo que por elemental sentido de la lógica parece difícil de poner en duda) del manejo de dinero (billetes), tráfico de maletas de inconfesado contenido, etc, etc., para el desarrollo de sus turbias fechorías, parece poco probable que en todo el entramado se de favorable disposición en busca de una racional limitación del dinero en efectivo. Las chistorras, lechugas y soles, aunque no solo, han venido siendo de gran utilidad para tan deleznables fines y ello debería contribuir a vencer las no pocas resistencias para avanzar en la limitación progresiva y selectiva del dinero físico por encima de intereses espurios (los peores) y de otra naturaleza, siendo estos últimos, en general, merecedores de singular tratamiento.

    1. Se trata de una epidemia que afecta a todo el ecosistema político, aunque, según el tamaño del poder de cada afectado, la enfermedad tiene grados. El tratamiento es claro: suprimir el oxígeno que respira el virus de la tentación corrupta, es decir los billetes. Pero la enfermedad debe estar muy extendida y les gusta, se han acostumbrado a financiarse en B.

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